«Oh
España, qué vieja y qué seca te veo.
Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo.
Clavel encendido de sueños de fuego.
He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las
aguas,
andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus
piedras ardientes.
¿En dónde buscar tu latido: en tus
ríos
que se llevan al
mar, en sus aguas,
murallas y
torres de muertas ciudades?
¿En tus
playas, con
nieblas o sol, circundando de luz tu cintura?
¿En tus gentes errantes
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