Por ellos, sólo por ellos
El seguidor español, nuevo en una final de Mundial, no quiere esperar más tiempo.
El aislamiento de tantos años en una larguísima posguerra nos permitió disfrutar del fútbol, pero no de sus éxitos. Había fútbol en las botas de los futbolistas españoles, pero faltaba 'el otro fútbol', aquel intangible que nos apeaba una y otra vez en cuartos de final. Se acabó la maldición después de un gozne de siglo cargado de Copas de Europa de clubes, Intercontinentales, supercopas... Y lamentos con la selección.
Un país tan futbolero como éste se merecía tiempo ha el sabor del éxito internacional.
Por la gente de la calle
Por mantenerse firmes en el criterio futbolístico, sordos a las críticas salvajes que sólo apuntaron al resultado y no a los medios para conseguirlo.
Por acarrear la pesada piedra de la derrota inicial hasta el Soccer City de Johanesburgo y plantarla junto a la Copa la fecha en que ésta elige dueño.
Educadamente, sin rechistar: ni por los arbitrajes permisivos con la dureza extrema, ni por los comentarios de otros seleccionadores, urdidos para desestabilizar al grupo español, considerado unánimemente superior en fútbol.
Por sufrir en silencio
Uno al principio, otro al final.
Si los holandeses, con menos fútbol pero muchos más goles, han vivido un Mundial sin brillo pero desahogado, la justicia simétrica les obligaría a penar al menos una vez, como su rival.
Empezó perdiendo su partido contra Suiza y dicen los estadísticos que nunca una selección que empezó un Mundial con derrota levantó la Copa el último día.
A fuerza de tesón, consigue la meta por donde nadie se atreve a buscar.
Apuesta por lo imposible, por pasar el camello por el ojo de la aguja.
España es original.