En 1148, por su colaboración en las conquistas del sur del Patrimonio del Casal de
Aragón, los templarios recibieron tierras en Tortosa (de la que tras
comprar las partes del príncipe de Aragón y conde de
Barcelona y los genoveses quedaron como señores) y de
Lérida (donde se quedaron en Gardeny y Corbins). Tras una resistencia que se prolongaría hasta 1153, cayeron las últimas
plazas de la región, recibiendo los templarios Miravet, en una importante situación en el Ebro.