Únicamente Víctor, así es como conocemos al desdichado niño que ha pasado a la historia como “el niño salvaje”. Su experiencia fue lo que el ser humano considera “el experimento prohibido”, o la respuesta a la eterna pregunta de si el hombre es bueno o malo por naturaleza. Pues por desgracia, Víctor brindó la posibilidad de estudiar que le sucede a un ser humano cuando se le aparta de la sociedad civilizada desde su nacimiento: ¿en que nos convertiríamos?.
Víctor, el niño salvaje.
Su entierro fue uno de los momentos más solemnes y emotivos de la historia de la realeza europea durante el siglo XX.
Gracias a eso, Zita pudo regresar a Viena al menos para despedirse del pueblo que en su día la aclamó
A su muerte, casi toda la realeza europea acudió al entierro, que se celebró solemnemente en Viena.
Su exilio había acabado pocos años antes, gracias a la intervención del rey Juan Carlos I de España, a través de conversaciones con las autoridades de la República Austriaca.
Después de este tiempo continuó su vida errante, siempre intentando dar un futuro a su hijos. Finalmente ingresó en un convento, y allí esperó la muerte, que llegó en 1989.
Acudió en su ayuda el rey de España, Alfonso XIII, que acogió a Zita y a sus hijos en una villa del País Vasco: Lequeitio, donde estuvieron residiendo aproximadamente unos diez años.
Sucede que, en 1922, Zita quedó viuda, sola y embarazada por octava vez, literalmente pobre, ya que su marido murió estando en el exilio.
Su dignidad y honradez les había impedido sacar dinero durante la contienda, no pensando que podrían llegar a verse en la situación en que posteriormente se encontraron.
Siempre rechazaron las peticiones de abdicación, aunque al hacerlo, se vieron empujados a la mayor de las miserias. La antigua familia imperial no tenía ningún tipo de recurso en su exilio, que lo pasaron primero en Suiza y luego en Madeira.
Sin embargo, los acontecimientos les superaron. Perdida la guerra por su país, las potencias vencedoras fragmentaron el Imperio y a ellos les obligaron a exiliarse.
Se encontraron así, en mitad de una guerra, y con una responsabilidad que no esperaban.
Quiso el azar que ellos llegaran a ocupar el trono, debido al atentado en Sarajevo contra el heredero, el primo de Carlos.
Su familia intentó proporcionarle el mejor matrimonio posible, objetivo que lograron, o al menos lo parecía, al organizar su boda con el Archiduque Carlos de Habsburgo, sobrino del emperador Francisco José de Austria.
Zita de Borbón y Parma nació en 1892, en Lucca, donde su padre era el último duque reinante de la pequeña ciudad-estado italiana.