Nuestros amigos asturianos te llaman Raquelina y a mi me gusta.
Muy graciosilla
Que os aproveche.
Anina qu me llamo RAQUEL.
Nuestros amigos asturianos te llaman Raquelina y a mi me gusta.
Hasta luego Raquelina.
Anina qu me llamo RAQUEL.
Hasta luego Raquelina.
Catuno y de postre unas roquillas.
Está todo muy tranquilo.
Se estarán preparando para ver el fútbol.
Hay mucha gente?
Está todo muy tranquilo.
Me he ido a dar una vuelta.
Hay mucha gente?
Dónde estás?
Me he ido a dar una vuelta.
Dónde estás?
Antes de dejarse llevar por el sueño, bajó para estar aun más cerca de sus cachorros, acomodándose a la sombra del árbol, se recostó sobre su brazo izquierdo, dejando así a sus cuatro vástagos delante de su vientre, para protegerlos de todo mal, como madre pantera que es.
Feliz de haber alimentado a su prole, subió muy ágilmente al arbol, olió el aire, se estiró satisfecha y siguió, como siempre, ese ritmo pendular que la caracteriza. Barrió con su mirada la vasta planicie de su territorio hasta llegar a donde yacían sus pequeñuelos, durmiendo unos encima de otros en revuelta armonía.
Cuando la madre lo permitió, comieron a sus anchas hasta quedar llenos como un globo. Los cuatro críos estaban tan repletos, que no les quedó más remedio que tumbarse a descansar.
Como tenían un hambre voraz, se abalanzaron todos a la vez para ver qué traía de rico. Cada uno de los pequeños tiraba para conseguir una buena tajada de las delicias traídas por su madre. De vez en cuando, ella se enfadaba y parecía decir: " ¡Déjame acomodarlo al menos!"