Siguió su camino, reina y señora de sus tierras hasta su árbol. Sus hijos la vinieron a recibir, alegres y juguetones.
Las huellas de sus pisadas quedaban detrás de sí en la tierra humeda. Al oir que las hierbas del costado se movieron, zigzageantes tras el paso de una serpiente, se detuvo agachándose y afinando sus sentidos. La dejó marchar sin más.
El acantilado era muy alto, plano y pedregoso, el mar curvilíneo rompía hasta que las brumas borraron el paisaje a lo lejos. Respiró la última brisa salina que pasó, dio media vuelta y volvió hacia el camino que llevaba a su árbol.
¿Adivina quién es?
Y entre contar nubes y nubes, fueron llegando hasta su estación, donde bajaron y se despidieron de las señoritas del cielo hasta el día siguiente.
A medida que el tren traqueteaba algunas nubes rosa-azul-violeta se juntaban en el horizonte a escuchar los secretos que alguien tenía para contarles, otras llegaban desde lejos justo a tiempo para disfrazarse con el atardecer.
La niña se reacomodaba sobre el regazo de la madre y le llenaba la cara con sus tirabuzones dorados.
--No pasa nada, caen como simples gotas de lluvia, guardando los secretos para siempre en el corazón de cada gota y al ser absorvida por un árbol, o flor, o donde sea que caiga, guarda ese secreto como si alguien se lo hubiera contado pero nunca puede recordar qué es en realidad, como cuando uno cree que tiene algo por decir y no recuerda qué —Le explicaba la mamá pegando su mejilla contra el de su hija de cuatro años.
--Y, ¿qué pasa con los secretos que llueven sobre la tierra? —Le preguntó mirando a traves de la ventana.
Otras veces, llueve sobre la tierra y los secretos caen sobre las plantas, los árboles, las flores o simplemente sobre la tierra. Como no concocen a las olas, no se enteran mucho qué significan esos secretos, aunque les caigan encima.
--Si, también porque se llenan de aire —Dijo la madre llenando sus cachetes de aire, abriendo los brazos en redondo y moviéndose de lado a lado— y hacen como un flotador. A veces las gaviotas quieren enterarse de los secretos que les cuentan las olas a la nube y la nube se va un poco enfadada para otros lugares, y si la gaviota la molesta mucho entonces llueve.
-- ¡Gaviotas! —Contestó contenta de saberlo—. ¡Mira mamá!, ahí hay una que está jugando con las olas. ¿Sabes mami que las gaviotas flotan porque tienen una panza muy gorda?
--Y... ¿Cómo se llaman? Ga... —Le daba una ayudita.
--Si... Los pájaros de agua —Contestó riendo.
--Bueno, en cierta manera si. Todas las olas le cuentan sus secretos a ella, porque saben que ella no los contará a nadie. También lo hacen los delfines y todos los animales del agua. ¿Sabes qué otros animales de agua hay? —Le preguntó animándola a pensar un poquito.