Mientras se encontraba en Italia, el todavía rey Jorge III murió, proclamando nuevo soberano a su marido y por tanto siendo oficialmente reina de Inglaterra, a pesar de la oposición de su esposo.
A su regreso se la impidió la entrada en el país, incluso no se la permitió atravesar Francia debido a la presión diplomática que ejerció el nuevo rey sobre sus aliados europeos, pero a pesar de toda esta oposición consiguió regresar, siendo recibida apoteósicamente por el pueblo ingles.
Allí, alejada de la frialdad y el rigor de palacio se dice que fue realmente dichosa, al menos durante un tiempo. Cierto es que fue un viaje muy polémico, ya que se rodeó de sirvientes italianos, especialmente de uno, un tal Bartolomeo Pérgami, del cual se decía que era su amante. Esta relación nunca del todo aclarada fue el argumento usado por su marido para pedir la nulidad de su matrimonio.
La semilla de la duda crecía y crecía, afectando a sus relaciones con el rey Jorge III, su antiguo valedor y protector. Finalmente Jorge se salió con la suya y le arrebató por completo la custodia de su hija, por lo que la todavía princesa de Gales no tuvo más remedio que alejarse y emprender un viaje por Italia a modo de destierro forzoso-
Toda oposición era inútil, la acusaron de infidelidad, de haber tenido un hijo con un noble de la corte. Todo falso. El único error de Carolina fue adoptar a varios niños en un intento desesperado de dar y recibir amor. Para su consuelo, su carácter dulce y su sincera bondad le ganó el cariño del pueblo llano, que siempre confió en ella y la apoyó en todo momento.
El heredero continuó con su vida de amantes, juego y vicios de todo tipo, se afirmaba incluso que se había vuelto a casar en secreto. Se enemistó de tal forma con Carolina que la prohibió vivir en su cercanía e hizo todo lo posible por arrebatarle la custodia de su hija.
Decimos esto porque su vida matrimonial fue un infierno, Jorge la aceptó por imposición, nunca llegaron a tener una vida en común juntos, salvo el tiempo justo para tener una hija, pero acto seguido se produjo una separación de hecho, que no de derecho
Su azarosa relación con la corona británica comenzó cuando fue propuesta en matrimonio con el heredero y príncipe de Gales, Jorge Augusto Federico, el futuro Jorge IV. Corría el año 1794 y la vida disoluta y escandalosa del heredero le había llevado a acumular una deuda enorme, imposible de pagar. Como posible solución, el parlamento acordó ayudar en el pago si el heredero contraía matrimonio y en efecto, la desdichada elegida fue Carolina.
Existen muchas similitudes entre las biografías de Carolina de Brunswick y Lady Di, ambas, princesas de Gales, con matrimonios infelices y muertes dramáticas. La ignominia que cometió con ella la familia real Británica es una de las páginas más negras de su historia.
Carolina de Brunswick, la humillada reina de Inglaterra
Ana muere joven, con apenas 36 años, agotada y con la salud quebrantada, sin embargo de ella nos ha quedado una tradición todavía viva: Su emblema real fueron los armiños blancos, color que usó repetidamente en sus bodas, así por simple imitación, se hizo muy popular entre las damas de la época, casarse llevando un vestido de ese color. Hoy todavía se hace en muchos países occidentales
En esta ocasión, y una vez superados los problemas, su boda fue un acierto, parece que vivieron felices, aunque con la sombra de no tener ningún hijo varón. Su hija Claudia llegaría a ser también reina, completándose con ella la anexión de Bretaña al reino de Francia.
Su esposa, Juana de Francia, era tan virtuosa que nunca le había dado motivos para justificar su acción, de forma que se optó por comprar la voluntad del cuestionado Papa Borgia, Alejandro VI, el cual consintió en una tercera boda real para Ana.
Y por un giro del destino, eso es precisamente lo que ocurrió. El rey muere de forma accidental sin descendencia, y Ana debe casarse con su primo Luis XII, nombrado heredero. Hasta aquí muy bien, sin embargo Luis ya está casado y las circunstancias le obligan a repudiar a su mujer para poder acceder al trono.
Esto fue posible al no haberse consumado la primera unión, provocando que Ana pasara en muy poco tiempo a ser reina de los franceses, gracias a su segundo matrimonio.
En este enlace fue firmada una cláusula por la cual, en caso de muerte del esposo, y si no había descendencia, ella debería casarse con el heredero del trono, para así asegurar la continuidad de la alianza entre Francia y Bretaña.
Para la monarquía francesa era prioritario anexionar el ducado de Bretaña, por lo que en una hábil maniobra, atacó la ciudad donde residía la joven duquesa, la obligó a repudiar a su primer marido y después casarse con él.