Todos estos datos hacen sospechar que Elizabeth era anoréxica.
La emperatriz nunca sobrepasó los 50 Kg, con una estatura de 172 cm.
Elizabeth no se conformaba únicamente con esto, además se sometía a grandes curas de sudor para adelgazar y se pesaba en varias ocasiones al día.
La emperatriz paseaba durante varias horas al día sin descansar.
Dedicaba gran parte del día a realizar ejercicio: equitación, esgrima y grandes paseos
Para mantener esta figura, Elizabeth llevaba a cabo una dieta muy estricta, a base de leche, helado o fruta, comía seis naranjas al día.
Su belleza no tardó en trascender a las cortes europeas, convirtiéndose en un mito entre la realeza
La emperatriz era bella, alta, delgada y lucía una larga y preciosa caballera rubia.
Un viaje que fue objeto de muchos comentarios en las distintas cortes europeas, veían con malos ojos que la emperatriz viajara sin la compañía de Francisco José, en un yate propiedad de la reina Victoria de Inglaterra.
En un intento de superar esta enfermedad decidió realizar su primer viaje “hacia el sol”, el destino elegido fue la bella Madeira.
Por esta razón cuando Sofía lo apartó de su lado, para que recibiera la educación oportuna a su rango, motivó una gran depresión de Elizabeth.
El nacimiento de su hijo Rodolfo supuso un gran vuelco en su vida, fue, sin lugar a dudas, su hijo predilecto.
La emperatriz se alejó poco a poco de la actividad de la corte, odiaba la rigurosa etiqueta vienesa.
Sissí se sintió secuestrada en el palacio de Hofburg.
El protocolo de la corte vienesa pronto asfixió a la joven emperatriz, por otra parte Sofía no dejaba de inmiscuirse en la vida conyugal de la pareja, dificultando las relaciones de los desposados.