“Yo amo al emperador, pero preferiría que no fuera emperador”
Sissi llegó a afirmar en cierta ocasión:
La pareja disfrutó de una maravillosa luna de miel en Italia, al regreso Francisco José se ocupó en cuerpo y alma de todos los quehaceres del Imperio, desatendiendo las demandas de su joven esposa.
Desgraciadamente, lejos de ser el comienzo de una “vida rosa”, la vida de Sissí se acababa de convertir en un calvario sin retorno.
La boda se celebró con todo el protocolo y la pompa que correspondía a los novios, se estima que durante la ceremonia se encendieron 15.000 velas.
Tan sólo un año después la pareja se desposó en Viena, en ese momento Francisco José tenía 24 años y Sissí tenía 16 años.
Como reza un refrán castellano, el hombre propone y Dios dispone. En 1853, en la ciudad de Ischl, Francisco José sacó a bailar, en contra de lo previsto, a Sissí, de la cual se había enamorado locamente. Como en un cuento de hadas, Cenicienta había sido la elegida para iniciar el baile, en lugar de su hermana.
Sin embargo, el curso de los acontecimientos dio un giro inesperado.
Sofía y Ludovica prepararon con esmero el enlace entre Nené, la hermana de Sissí, y Francisco José, de esta forma la bella Nené se convertiría algún día en emperatriz.
El año 1848 fue un año crucial en la vida de Elizabeth, Fernando, el emperador del Sacro Imperio abdicó en su sobrino Francisco José, por indicación de la madre de éste, la archiduquesa Sofía.
Se cuenta que el padre de Elizabeth creó, junto con sus amigos, la Orden de la Mesa Redonda, en donde él era el rey Arturo.
Maximiliano era alegre, buen bebedor y comilón, amante de la caza y de sus amigos.
La pequeña Sissí heredó el carácter extrovertido y bonachón de su padre.
Elizabeth de Austria nació en Munich, el día de Nochebuena del año 1837. Era hija de Maximiliano, duque en Baviera, y de Ludovica, princesa de Baviera
sissi, una emperatriz enferma