Elizabeth no fue la princesa almibarada y tierna, un poco desvaída, que se muestra en las películas de Romy Schneider que en la década de los 50 hicieron creer a las niñas que de verdad existían los cuentos de hadas.
Nadie supo ver la profunda tristeza, la vulnerabilidad que se escondían detrás de esta mujer hermosa, que encandiló al mismísimo emperador de Austria, Francisco José.
Nadie comprendió su camino sin fin, su lucha contra lo establecido
La vieja Europa no estaba preparada para entender a una mujer como Sissi.
Su temperamento independiente, ajeno a las normas sociales, hizo temblar a la timorata Viena y palidecer a la propia reina Victoria, a Isabel II y el rey de Grecia
Atacada por unos, alabada por otros, compadecida por algunos, quizá nadie -ni ella misma- supo qué se escondía en su alma, qué torturaba su corazón, qué quería, qué anhelaba.
La Emperatriz Elizabeth -Sissi- es una figura histórica de sobras conocida.
Sissi fue una mujer enfrentada a su propia soledad, que quiso por encima de todo ser libre y que anduvo obsesionada por sus propios fantasmas; de ahí quizá esa obstinación en seguir caminando, en seguir viajando, en correr, en huir de sí misma.
Y Sissi fue enterrada en la Cripta de los Capuchinos, justo donde no hubiera querido estar nunca.
El 10 de octubre de 1898, cuando la emperatriz se disponía a trasladarse desde Ginebra a Montreux, sufrió el ataque de un anarquista italiano, Luigi Luccheni, que hundió una lezna en su corazón, provocando la muerte inmediata.
Su asesino se suicidó en la celda en 1910
Como colofón, en 1914 el archiduque Francisco Fernando, sobrino de Francisco José y aspirante al trono, fue asesinado en Sarajevo, marcando el inicio de la Primera Guerra Mundial.
El 10 de octubre de 1898, cuando la emperatriz se disponía a trasladarse desde Ginebra a Montreux, sufrió el ataque de un anarquista italiano, Luigi Luccheni, que hundió una lezna en su corazón, provocando la muerte inmediata.
Desgraciadamente no se equivocaba
Cuando la emperatriz se enteró de lo sucedido vaticinó que ella moriría de forma violenta.
En 1897 falleció la duquesa de Alencon, hermana de Elizabeth, en un incendio de París.