Soñé la otra noche, que mi espiritu se elevaba, se elevaba y emprendia el vuelo; los pueblos, las carreteras, los paisajes, iban quedando debajo de mi, entre destellos de luz y pinceladas de colores. Así llegué a las Chorreras. Bellisimo paraje. El agua caia por todos sitios, formando yacusis naturales, en los que me sumergia y las ninfas del agua me daban masajes y las hadas me mordisqueaban cariñosamente la oreja. Las rocas erosionadas, adquirian formas fantasticas. Podian ser dinosaurios, rostros ... (ver texto completo)