Cuántas veces rechazan tu creatividad, tus propósitos, dándote con la puerta en las narices, sin más justificación que el recelo, la rutina o la envidia. Los pretextos de esta amplia clase de obstaculizadores son casi siempre los mismos: "quieres aislarte del mundo", "sólo se pueden imitar los modelos históricos", "no puedes aprender a sobrevivir sino aprendes a transigir". Incluso pueden descalificarte por completo: "eres un egoísta, un impertinente, demasiado seguro de ti mismo".
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