-Pues mira don Andrés que te traigo recado del Alcalde, por que ahora no está en el pueblo y me ha dejado dicho que venga a recibirte y darte la enhorabuena. Que mañana os veréis sin falta y que también mañana ya ha dado un bando al pregonero para que anuncie que tú eres el nuevo cura, y que el domingo la misa mayor será cantada con otros dos curas, que ya están avisados para eso los de Almonacid y Fuentelespino, y que será en la Iglesia Vieja que la están limpiando y adornando, bueno pues es todo y si te parece, digo mejor si le parece a usted Don Andrés, yo ya no tengo más que darle la bienvenida y la enhorabuena a sus padres, así que con Dios y hasta mañana.
-Vaya con Dios Julián y hasta mañana.
11
Recogió el hermano mayor del cura Andrés las maletas de la baca del coche e iniciaron los cinco la marcha hacia la casa familiar, en su caminar por las calles, en un pueblo tan menguado de pobladores se cruzaron con pocos vecinos, pero en todos los casos sonó el recurrente saludo “Buenas tardes” del recién llegado, y la curiosidad del poblador que indefectiblemente mostraba una pizca de azoramiento, al dudar como corresponder al portador de sotana tan impecable, ignorando algunos de quien se trataba y que hacia allí, duda que disipaban de inmediato al preguntar a otro vecino próximo.
- ¿Sabes quien es el cura recién llegao?
- ¡Pos no conoces al Andrés! ¡El hijo del Mariano y la Vicenta!, los rentaos de la Loli, que es el nuevo cura que nos han mandaó al pueblo
- Chorra, pos como ha crecio el jodio del crío, es to un cura de mu güena planta, ¡Que se anden con tiento las mozas aficionás al confesionario!
--ooOOoo—
DE ORDEN DEL SEÑOR ALCALDE, SE HACE SABER..... QUE EL DOMINGO TOMARÁ POSESIÓN DE LA PARROQUIA EL NUEVO SEÑOR CURA DON ANDRÉS, Y QUE PARA CELEBRARLO HABRÁ MISA MAYOR CONCELEBRADA Y CANTADA A LAS DOCE DE LA MAÑANA EN LA IGLESIA VIEJA, SE MANDA LA ASISTENCIA DE TODOS LOS VECINOS, Y SE RECUERDA QUE ES FALTA GRAVE TRABAJAR EN FIESTA DE GUARDAR, Y QUIEN LO HAGA PUEDE SER MULTADO POR LA GUARDIA CIVIL.
Desde el porche interior de la casa familiar, el cura Andrés oyó el pregón mientras desayunaba, aquella mañana se había levantado inusualmente tarde, quizá por que le costó apartar de su mente la montaña de recuerdos y las preocupaciones por el futuro, a más de la larga sobremesa tras la abundante cena que su madre preparó con el intento de que su hijo dejara atrás la delgadez que le atribuía.
Cuando terminó el tentempié matinal, concluyo su aseó, repasó su ropa seglar y pidió a su madre le entregara la sotana nueva que la mujer, sin nadie pedírselo, había estado dando un repaso al planchado, se enfundó en la vestidura talar, y sin calarse el sombrero salió de la casa familiar con intención de cumplimentar a las personas que consideraba más representativas del pueblo. El primer lugar a donde se dirigió fue la Casa Consistorial, subió la vieja escalinata y volvió a ver al Secretario, único funcionario, al menos presente en ese momento.
-Buenos días Julián, ¿Está el señor Alcalde?
-Buenos días tenga usted don Andrés, el Alcalde no está en este momento, ya sabe que como hay pocos asuntos a tratar viene poco, pero estoy casi seguro que se encuentra en la taberna de Romualdo, que está lindante, ahora mismo se acerca el pregonero a buscarlo.
-No quisiera que por mí se molestara nadie.
- ¿Molestia? Ninguna, ¡Hay tampoco que hacer!
En escasamente tres o cuatro minutos apareció el Alcalde que se podría decir nombrado por la Gracia de Dios, ya que su cargo con tendencia a ser vitalicio se debía
12
a los buenos servicios prestados a politicastros y caciques de la comarca.
-Hombre.. ¡Vaya curazo que hemos criado en el pueblo! ¡Un abrazo Andrés!, si el Obispo no te hubiera mandado a Villarejo habría tenido que ir yo a Cuenca a darle dos hostias, estoy muy contento de que estés con nosotros, a ver si tu que conoces a toda la chusma de este pueblo me la confiesas y la pones en el buen camino, y si necesitas algo, lo que sea, ya sabes a mi al primero en decírselo, ni se te ocurra otra cosa ¡Entendido!. Por cierto ¿Cómo debo tratarte? si fueras una autoridad civil lo tendría claro, de tú y san se acabó, pero a un cura nadie le llama de tú ¿Verdad?, que te digo Señor cura, Don Andrés, Pater como en la mili o Reverendo como en las películas. ¿O como chorra quieres que te llame?.
-Pues... que quiere que le diga señor Alcalde, pienso que más por lo que represento que por mi persona, quizá en público con señor cura es suficiente, y en lo particular entre usted y yo con llamarme Andrés estoy sobrado.
-Para mí prescinde del don, el usted y el señor Alcalde, yo soy ahora para tí y por los siglos de los siglos el del nombre a secas con que ma bautizaron, y lo mismo da en el Ayuntamiento que en la calle o en la Iglesia. Bueno señor cura, bueno, ya sabes que he pregonado una misa cantada para el domingo, esta tarde vendrán tus colegas de Almonacid y Fuentelspino y a ver si hacéis una fiesta de misacantano bien sonada y que se hable de ella en los pueblos del alrededor, y si llega hasta Cuenca, pues mejor aún. Aunque lo de la música está jodio, solo he encontrado a uno que sepa tocar algo y es el acordeonista, aunque lo suyo son los tangos, pero por lo menos hará ruido. ¡Vale señor curazo!
-Y aprovechando la confianza, acertado será comentar ahora que yo no me he metido nunca ni de forma personal ni como autoridad en los asuntos de la Iglesia, allí haces lo que te salga de la real gana o lo que tu Obispo te mande, a mi plim, pero de igual forma te digo que tú, perdona chico, o usted señor cura, que no se meta ni en política ni en mi vida ni en mi ayuntamiento, y así todos contentos y amigos, y te repito que cualquier cosa que necesites ¡CUALQUIERA! a mi al primero, a nadie más ¿Está claro?, Pues lo dicho enhorabuena por tu carrerón, bienvenido al pueblo y muchos éxitos con tu rebaño y... ¡Un abrazo!
Terminada la entrevista con el regidor, se encaminó el cura Andrés a la cercana Casa Cuartel para cumplimentar al mando del puesto.
-Buenos días – Saludó al guardia de puerta – Quisiera ver al cabo.
-Usted es el nuevo cura ¿No? Pase a su oficina que ahora mismo le llamo, no estará lejos.
-A sus ordenes señor cura – Saludó el cabo a lo militar al entrar en su despacho - Bienvenido y gracias por su visita. ¿Puedo serle útil en algo?
-Muchas gracias cabo, mi visita solo es protocolaria, ya veo que conocen de mi nombramiento para esta parroquia y he creído oportuno pasar a saludar a todas las autoridades y personas representativas para ponerme a su disposición y que mutuamente nos conozcamos.
13
-Tengo entendido que usted es del pueblo ¿Es verdad?, si es así creo que su labor será más provechosa ya que conociendo a todo el vecindario no se le ocultará cual es el pie de que cojea cada uno, ya sabe que en todas las cestas siempre hay alguna fruta podrida, así que siendo usted joven y con ganas de servicio podemos ayudarnos mutuamente en la criba de esa fruta indeseable que tanto daño puede hacer a las sanas, usted por supuesto ocupándose de las almas que de los caparazones ya nos ocupamos nosotros. Pues sea usted muy bienvenido y aquí nos tiene a mí y a los otros tres guardias a sus ordenes, y ya sabe que cualquier cosilla de algún descarriladillo que llegue a sus oídos no deje de avisarnos, eso siempre evitará males mayores, y si me lo permite y dicho con el debido respeto, no se fíe de todo el que va a misa y comulga, que aún andan por ahí socialistillos y rojillos y otras cáscaras amargas que disimulan con olor a incienso y beaterio fingido.
-Gracias cabo por sus consejos y su buena disposición, por supuesto en lo que concierne a mi ministerio ni que decir tiene que estoy las veinticuatro horas a disposición de las autoridades y de cualquier vecino.
Después de la conversación el cabo presentó al cura a los tres números que componían la guarnición del puesto y a las respectivas cónyuges, las cuales al saber quien se encontraba por el cuartelillo se afanaron en acicalarse y asear los cuchitriles que les tenían asignado como vivienda, en realidad tan solo hubo un cruce de frases hechas y un muy escaso interés del clérigo por los residentes de la caserna. Quizá parte de este desinterés del cura Andrés lo ocasionó los comentarios finales del cabo, no acababa de entender si lo que esperaba de su ministerio era que se convirtiera en confidente de las
-Vaya con Dios Julián y hasta mañana.
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Recogió el hermano mayor del cura Andrés las maletas de la baca del coche e iniciaron los cinco la marcha hacia la casa familiar, en su caminar por las calles, en un pueblo tan menguado de pobladores se cruzaron con pocos vecinos, pero en todos los casos sonó el recurrente saludo “Buenas tardes” del recién llegado, y la curiosidad del poblador que indefectiblemente mostraba una pizca de azoramiento, al dudar como corresponder al portador de sotana tan impecable, ignorando algunos de quien se trataba y que hacia allí, duda que disipaban de inmediato al preguntar a otro vecino próximo.
- ¿Sabes quien es el cura recién llegao?
- ¡Pos no conoces al Andrés! ¡El hijo del Mariano y la Vicenta!, los rentaos de la Loli, que es el nuevo cura que nos han mandaó al pueblo
- Chorra, pos como ha crecio el jodio del crío, es to un cura de mu güena planta, ¡Que se anden con tiento las mozas aficionás al confesionario!
--ooOOoo—
DE ORDEN DEL SEÑOR ALCALDE, SE HACE SABER..... QUE EL DOMINGO TOMARÁ POSESIÓN DE LA PARROQUIA EL NUEVO SEÑOR CURA DON ANDRÉS, Y QUE PARA CELEBRARLO HABRÁ MISA MAYOR CONCELEBRADA Y CANTADA A LAS DOCE DE LA MAÑANA EN LA IGLESIA VIEJA, SE MANDA LA ASISTENCIA DE TODOS LOS VECINOS, Y SE RECUERDA QUE ES FALTA GRAVE TRABAJAR EN FIESTA DE GUARDAR, Y QUIEN LO HAGA PUEDE SER MULTADO POR LA GUARDIA CIVIL.
Desde el porche interior de la casa familiar, el cura Andrés oyó el pregón mientras desayunaba, aquella mañana se había levantado inusualmente tarde, quizá por que le costó apartar de su mente la montaña de recuerdos y las preocupaciones por el futuro, a más de la larga sobremesa tras la abundante cena que su madre preparó con el intento de que su hijo dejara atrás la delgadez que le atribuía.
Cuando terminó el tentempié matinal, concluyo su aseó, repasó su ropa seglar y pidió a su madre le entregara la sotana nueva que la mujer, sin nadie pedírselo, había estado dando un repaso al planchado, se enfundó en la vestidura talar, y sin calarse el sombrero salió de la casa familiar con intención de cumplimentar a las personas que consideraba más representativas del pueblo. El primer lugar a donde se dirigió fue la Casa Consistorial, subió la vieja escalinata y volvió a ver al Secretario, único funcionario, al menos presente en ese momento.
-Buenos días Julián, ¿Está el señor Alcalde?
-Buenos días tenga usted don Andrés, el Alcalde no está en este momento, ya sabe que como hay pocos asuntos a tratar viene poco, pero estoy casi seguro que se encuentra en la taberna de Romualdo, que está lindante, ahora mismo se acerca el pregonero a buscarlo.
-No quisiera que por mí se molestara nadie.
- ¿Molestia? Ninguna, ¡Hay tampoco que hacer!
En escasamente tres o cuatro minutos apareció el Alcalde que se podría decir nombrado por la Gracia de Dios, ya que su cargo con tendencia a ser vitalicio se debía
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a los buenos servicios prestados a politicastros y caciques de la comarca.
-Hombre.. ¡Vaya curazo que hemos criado en el pueblo! ¡Un abrazo Andrés!, si el Obispo no te hubiera mandado a Villarejo habría tenido que ir yo a Cuenca a darle dos hostias, estoy muy contento de que estés con nosotros, a ver si tu que conoces a toda la chusma de este pueblo me la confiesas y la pones en el buen camino, y si necesitas algo, lo que sea, ya sabes a mi al primero en decírselo, ni se te ocurra otra cosa ¡Entendido!. Por cierto ¿Cómo debo tratarte? si fueras una autoridad civil lo tendría claro, de tú y san se acabó, pero a un cura nadie le llama de tú ¿Verdad?, que te digo Señor cura, Don Andrés, Pater como en la mili o Reverendo como en las películas. ¿O como chorra quieres que te llame?.
-Pues... que quiere que le diga señor Alcalde, pienso que más por lo que represento que por mi persona, quizá en público con señor cura es suficiente, y en lo particular entre usted y yo con llamarme Andrés estoy sobrado.
-Para mí prescinde del don, el usted y el señor Alcalde, yo soy ahora para tí y por los siglos de los siglos el del nombre a secas con que ma bautizaron, y lo mismo da en el Ayuntamiento que en la calle o en la Iglesia. Bueno señor cura, bueno, ya sabes que he pregonado una misa cantada para el domingo, esta tarde vendrán tus colegas de Almonacid y Fuentelspino y a ver si hacéis una fiesta de misacantano bien sonada y que se hable de ella en los pueblos del alrededor, y si llega hasta Cuenca, pues mejor aún. Aunque lo de la música está jodio, solo he encontrado a uno que sepa tocar algo y es el acordeonista, aunque lo suyo son los tangos, pero por lo menos hará ruido. ¡Vale señor curazo!
-Y aprovechando la confianza, acertado será comentar ahora que yo no me he metido nunca ni de forma personal ni como autoridad en los asuntos de la Iglesia, allí haces lo que te salga de la real gana o lo que tu Obispo te mande, a mi plim, pero de igual forma te digo que tú, perdona chico, o usted señor cura, que no se meta ni en política ni en mi vida ni en mi ayuntamiento, y así todos contentos y amigos, y te repito que cualquier cosa que necesites ¡CUALQUIERA! a mi al primero, a nadie más ¿Está claro?, Pues lo dicho enhorabuena por tu carrerón, bienvenido al pueblo y muchos éxitos con tu rebaño y... ¡Un abrazo!
Terminada la entrevista con el regidor, se encaminó el cura Andrés a la cercana Casa Cuartel para cumplimentar al mando del puesto.
-Buenos días – Saludó al guardia de puerta – Quisiera ver al cabo.
-Usted es el nuevo cura ¿No? Pase a su oficina que ahora mismo le llamo, no estará lejos.
-A sus ordenes señor cura – Saludó el cabo a lo militar al entrar en su despacho - Bienvenido y gracias por su visita. ¿Puedo serle útil en algo?
-Muchas gracias cabo, mi visita solo es protocolaria, ya veo que conocen de mi nombramiento para esta parroquia y he creído oportuno pasar a saludar a todas las autoridades y personas representativas para ponerme a su disposición y que mutuamente nos conozcamos.
13
-Tengo entendido que usted es del pueblo ¿Es verdad?, si es así creo que su labor será más provechosa ya que conociendo a todo el vecindario no se le ocultará cual es el pie de que cojea cada uno, ya sabe que en todas las cestas siempre hay alguna fruta podrida, así que siendo usted joven y con ganas de servicio podemos ayudarnos mutuamente en la criba de esa fruta indeseable que tanto daño puede hacer a las sanas, usted por supuesto ocupándose de las almas que de los caparazones ya nos ocupamos nosotros. Pues sea usted muy bienvenido y aquí nos tiene a mí y a los otros tres guardias a sus ordenes, y ya sabe que cualquier cosilla de algún descarriladillo que llegue a sus oídos no deje de avisarnos, eso siempre evitará males mayores, y si me lo permite y dicho con el debido respeto, no se fíe de todo el que va a misa y comulga, que aún andan por ahí socialistillos y rojillos y otras cáscaras amargas que disimulan con olor a incienso y beaterio fingido.
-Gracias cabo por sus consejos y su buena disposición, por supuesto en lo que concierne a mi ministerio ni que decir tiene que estoy las veinticuatro horas a disposición de las autoridades y de cualquier vecino.
Después de la conversación el cabo presentó al cura a los tres números que componían la guarnición del puesto y a las respectivas cónyuges, las cuales al saber quien se encontraba por el cuartelillo se afanaron en acicalarse y asear los cuchitriles que les tenían asignado como vivienda, en realidad tan solo hubo un cruce de frases hechas y un muy escaso interés del clérigo por los residentes de la caserna. Quizá parte de este desinterés del cura Andrés lo ocasionó los comentarios finales del cabo, no acababa de entender si lo que esperaba de su ministerio era que se convirtiera en confidente de las