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Esta fotografía donde vemos el antiguo palacete que mandara construir el infante de Castilla don Juan Manuel, será una foto de archivo, porque hoy ya no existe fue demolido por la piqueta, para alzarse una nueva edificación donde se ha respetado el modelo exterior del antiguo palacete (Digamos el sobrero)

Este palacete fue una edificación puntera es su tiempo, aquí vivió don Juan Manuel y familia, y de aquí saldría la princesa doña Juana Manuel para desposarse con Enrique de Trastamara, ... (ver texto completo)
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Un suspiro de la naturaleza es esta flor de pensamiento
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Estamos ubicados en la plaza del pilar que es la plaza de mayor aforo de esta villa de Belmonte de Cuenca y allí es donde se celebrara el gran evento.
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Queriendo hacer una fotografía de la parte Norte del Castillo de la villa de Belmonte nos hemos situado casi en la tronera y desde aquí la hemos realizado vemos que el color de la piedra de esta parte del castillo esta más negra y es que siempre esta a la sombra incluso hay algún musgo de la humedad.
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El almirez que es de bronce y sirve para machacar ajos y frutos secos.
EL ALMANAQUE DEL HUMOR -

CURIOSIDADES

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Textos Humor - Club de la Comedia

Una chispa de humor cada día para alegrarte el ánimo.

Los hombres y los perros: Se diferencian en...

Los perros hacen compañía y se ponen a tus pies sin problemas.

No suelen traer invitados a casa.

No hay que esperarles: siempre están en casa cuando una llega.

Cuanto más tarde llegues a casa, mejor te reciben.

No les importa que una juguetee con otros perros.

No necesitan tener un despacho propio, ni exigen silencio absoluto.

Cuidan con esmero de sus propios cachorros.

Todo el mundo puede conseguir un perro elegante.

No les importa que presumas de tenerlos bien amarrados.

No preguntan que corbata le va bien con el traje. ... (ver texto completo)
La efigie de San Fabián aparece en los plafones pictóricos de la Capilla Sixtina, y la antigua cristiandad le tributó una veneración saturada de simpatía.
En el orden litúrgico-sacramental, fue Fabián el pontífice que mandó fuese quemado y renovado todos los años, en Jueves Santo, el Santo Crisma. Además, hizo cinco ordenaciones, todas en el mes de diciembre, en las cuales creó veintidós presbíteros, siete diáconos y once obispos para diversas diócesis.
Atribúyesele asimismo el primer envío de misioneros a las Galias.
Fuera del ámbito de Roma, intervino Fabián en la deposición del obispo africano Privato, y mantuvo correspondencia con Orígenes, el gran pensador y exegeta de Alejandría, que quería justificar algunos puntos controvertidos de su doctrina.
El Papa Fabián, prendado de su ingenio, dejó que fuese ordenado presbítero, confiando en los buenos servicios que podía prestar a la Iglesia. No pensó que sus defectos pudieran hacer de él un antipapa. Así fue, sin embargo. Su espíritu soberbio y ambicioso le convirtieron en tal, cuando, en 251, en vez de su propia elección, vio que era elevado al solio pontificio San Cornelio.
Ahora bien: la rebelión de Novaciano no obedecía a una razón doctrinal, sino a una razón moral y síquica. Novaciano era un escritor brillante, que en tiempo de San Fabián había dado a luz un tratado sobre la Trinidad —no de gran valor teológico, por cierto—, con el cual quiso refutar doctrinas heréticas gnósticas; pero, a pesar de su magnífico estilo y de su buena intención en este caso, se caracterizaba por su índole altanera.
Duró el cisma poco tiempo. Consistía el error en acusar de indulgente al Papa con respecto a los lapsos, es decir, a los caídos en apostasía u otro pecado enorme, y en propugnar que la Iglesia no había de estar integrada más que por personas puras (cátaros), no debiendo ni pudiendo ser readmitidos en su seno los que pecaban después del Bautismo, pues el poder de perdonar no pertenecía más que a Dios.
En efecto, Novaciano, de Roma, y Novato, de Cartago, íntimos amigos, defendieron un error de tipo puritanista, enfrentándose con el criterio del Papa Cornelio. Sus numerosos adeptos eligieron Papa a Novaciano.
Fue el suyo un tiempo de controversias teológicas, especialmente en Roma. Uno de los efectos que las ocasionaron fue el cisma llamado de Novaciano, que estalló en el pontificado siguiente (el de San Cornelio), pero se había incubado durante el del Papa Fabián, gracias tal vez a la bondad y dulzura del Pontífice.