"Cuando nosotros subimos, se quejaba de fuerte dolor al pecho. Inmediatamente empezamos a darle friegas con paños calientes, según acostumbraba a hacerlo en
casa. Sintiendo alivio, dijo: "Estoy mejor". Vino corriendo el conde Alberto con el maestro Juan (Aurifaber), trayendo unicornio. Habló el conde: " ¿Cómo está, querido señor Doctor?" Respondió el Doctor: "No es necesario, ilustre señor; ya comienzo a estar mejor". El mismo conde raspó el unicornio, y, cuando el Doctor sintió mejoría, se marchó,
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