«Ya en el cementerio, antes de disparar sobre él, le pidieron por última vez si quería renegar de su fe. No lo hizo y lo mataron ahí mismo. Murió gritando como muchos otros mártires mexicanos " ¡Viva Cristo Rey!"».
«Entonces le cortaron la piel de las plantas de los pies y le obligaron a caminar por el pueblo, rumbo al cementerio --recuerda--. Él lloraba y gemía de dolor, pero no cedía. De vez en cuando se detenían y decían: "Si gritas ´Muera Cristo Rey´" te perdonamos la vida. "Di ´Muera Cristo Rey´". Pero él respondía: "Viva Cristo Rey"».
«Fue capturado por las fuerzas del gobierno, que quisieron dar a la población civil que apoyaba a los cristeros un castigo ejemplar», recuerda el testigo que entonces tenía siete años. «Le pidieron que renegara de su fe en Cristo, so pena de muerte. José no aceptó la apostasía. Su madre estaba traspasada por la pena y la angustia, pero animaba a su hijo», añade.
El martirio fue presenciado por dos niños, uno de siete años y el otro de nueve años, que después se convertirían en fundadores de congregaciones religiosas. Uno de ellos revela el papel decisivo que tendría para su vocación el testimonio de José Luis, de quien era amigo.
Un año antes de su martirio, José Luis se había unido a las fuerzas «cristeras» del general Prudencio Mendoza, enclavadas en el pueblo de Cotija, Michoacán.
Nacido en Sahuayo, Michoacán, el 28 de marzo de 1913, hijo de Macario Sánchez y de María del Río, José Luis fue asesinado el 10 de febrero de 1928, durante la persecución religiosa de México por pertenecer a «los cristeros», grupo numeroso de católicos mexicanos levantados contra la opresión del régimen de Plutarco Elías Calles.
Breve Biografía
Mártir con catorce años. Así se resume la vida de José Luis Sánchez del Río, quien fue beatificado junto a otros doce mártires por disposición del Papa Benedicto XVI.
Fecha de canonización: 16 de octubre de 2016, por S. S. Francisco
Fecha de beatificación: 20 de noviembre de 2005, por el Papa Benedicto XVI, como parte de un grupo formado por él y otros 8 mártires méxicanos.
Niño Mártir
Martirologio Romano: En Guadalajara, México, San José Sánchez del Río, de catorce años, mártir, que murió apuñalado dando vivas a Cristo Rey y a Santa María de Guadalupe, durante la Guerra Cristera († 1928).
También, hay que recordar que un día Dios erradicará el mal. Actualmente está esperando con paciencia que más personas se vuelvan a Él y sean salvos. Pero un día, Satanás será arrojado al lugar del fuego por toda la eternidad.
Dios permite el mal, sí, pero también algunas veces lo detiene. Debido a que Dios es bueno, solo lo que se puede redimir y que puede conducir al bien está permitido. Claro que muchas veces pensamos que esto es más de lo que podemos soportar. Pero sabemos del carácter de Dios. Él es un Dios de justicia y de amor. El mal no quedará sin redención. Tampoco el pueblo de Dios que sufre a manos de los demás quedará sin socorro.
La historia de José en el Antiguo Testamento, es una de gran ejemplo de redención. Siendo vendido como esclavo por sus hermanos y luego convertido en un protagonista importante en el gobierno egipcio, José más tarde salvó a la nación y dijo a sus hermanos: “Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente.” (Gn 50,20). Dios algunas veces permite el sufrimiento con el objetivo de desarrollar algo mejor.
En esencia, Dios no quiere el mal pero lo permite, porque Él desea una relación con nosotros. Somos pecadores. Con los pecadores vienen cosas malas. Pero ¡gracias al Señor que nos ha redimido! No es necesario vivir en la esclavitud de nuestras inclinaciones pecaminosas, aunque todavía luchamos contra nuestros malos deseos. Sí, vivimos en un mundo de pecado sobre el que Satanás tiene dominio. Los creyentes no son inmunes a las consecuencias del mal ¡Pero Jesús ha vencido! Dios es fiel para redimir el mal que sucede en nuestras vidas. ... (ver texto completo)
En esta lucha de carácter donde peleamos para dejar el orgullo que somos formados. Podemos decir que Dios todavía podría darnos libre albedrío y al mismo tiempo prevenir las consecuencias del mal. Podemos querer que Dios intervenga en el caso de asesinato o violación. Pero ¿queremos que Dios intervenga en el caso de nuestra propia idolatría? Todo pecado es una ofensa a Dios, y nos separa de Él. Si Dios fuera a intervenir y evitar el mal, Él tendría que eliminarnos a nosotros. Además, si Dios fuera a eliminar todas las consecuencias negativas de nuestros actos, ¿tendríamos realmente libre albedrío? ... (ver texto completo)