Su deseo de mayor mortificación los llevó a visitar a los famosos
ermitaños de
Egipto. Después fueron a Alejandría, donde el patriarca
San Juan el Limosnero les rogó que permaneciesen dos años en su diócesis para ayudarle a reformarla y a combatir la herejía. En dicha ciudad fue donde Juan Mosco escribió el "Prado Espiritual", que dedicó a San Sofronio. Juan Mosco murió hacia el año 620, en Roma, a donde había ido en peregrinación.