ACTUAR

Veamos la pandemia como una oportunidad de reflexionar, de hacer un alto en el camino de la vida, de dar importancia a lo que más vale: tu alma, tu familia, tu salvación eterna. Acércate más a Dios, lee más la Sagrada Escritura, arrepiéntete de corazón y confiésate cuando puedas, dale más tiempo a tu familia, preocúpate de los abandonados y haz el bien a quienes te necesitan. Así, sacarás provecho de esta situación.
¡Eso es! Jesucristo, por medio de su Vicario en la tierra, te invita a reflexionar: ¿A qué das más valor: a tu cuerpo, a tus gustos, a tus pasiones, a tu dinero, a tus diversiones? ¿Qué tiempo le concedes a tu familia, a tu alma, a los demás, a Dios? No eres intocable por la pandemia; no eres inmortal y todopoderoso…
Así se expresaba el Papa Francisco en su meditación del viernes pasado: “Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás” (27-III-2020).
Cuando le platican a Jesús que Pilato había asesinado a unos galileos, y él trae a colación los 18 aplastados por la torre de Siloé, no califica esos hechos como castigo de Dios, sino que son acontecimientos que nos deben servir de advertencia para convertirnos, para recapacitar, para enderezar lo que tengamos que modificar (cf Lc 13,1-5).
PENSAR
El Evangelio del domingo pasado nos ilustra muy bien cómo quiere Dios proceder con nosotros: ya no como en el Antiguo Testamento, sino como se nos manifiesta en Jesús. En vez de sumarse a quienes exigían matar a pedradas a una adúltera, como estaba escrito en la ley de Moisés para otros tiempos, él la perdona misericordiosamente, indicándole que ya no vuelva a pecar, que cambie de vida (cf Jn 8,2-11).
Cierto que no es lo mismo participar de la Misa en forma presencial, que por estos medios electrónicos. No se hace por comodidad y flojera, sino por necesidad. Es por cuidar tu salud, que es lo que Dios quiere. Es una gracia que tengamos estos recursos tecnológicos, que nos acercan a los misterios divinos. Además, Dios no depende de distancias, sino que llega a ti dondequiera que estés, siempre y cuando tengas el corazón dispuesto. La gloria de Dios, como decía San Irineo, es que el ser humano tenga ... (ver texto completo)
Por otra parte, muchísima gente se ha acercado más a Dios y ha empezado a reflexionar. Millones seguimos la oración del Papa en la Plaza de San Pedro, no como espectáculo, sino como verdadera meditación y súplica al Señor y a la Virgen María. En mi pueblo, que es chiquitito y con pocos recursos tecnológicos, el domingo pasado se trasmitió, por Facebook, la Misa que celebré en el templo parroquial, con sólo siete fieles, pero se conectaron en vivo 1,732 personas, desde Estados Unidos, Ciudad de México, ... (ver texto completo)
Que se ha llegado a calificar como triunfo, como liberación, como modernidad, el que cada quien haga lo que quiera sin ningún control moral, es algo que merecería un escarmiento de parte de Dios, a ver si recapacitamos; pero afirmar que esta pandemia es castigo divino, sólo El nos lo podría revelar, o darnos señales claras de que El la mandó. ¿Quiénes somos nosotros para conocer a profundidad los designios de Dios, para atribuirle directamente a El lo que nos está pasando? Ni el Papa se atreve a ... (ver texto completo)
Que Dios nos puede castigar por tantos pecados de la humanidad, lo puede hacer. Que mereceríamos su castigo, es indudable. Que muchos se han olvidado de Dios y se han endiosado a sí mismos, es cierto. Que en la Biblia se narran castigos enviados por Dios, es verdad. Basta recordar el diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra, las plagas de Egipto, las serpientes venenosas en el desierto contra los rebeldes israelitas, etc. Recuerdo que el primer obispo de Toluca, allá por el año 1952, decía frecuentemente: ... (ver texto completo)
Iglesia, Sociedad y Política
Voz de los Obispos

El Covid-19, ¿castigo de Dios?
Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas

Por: Mons. Felipe Arizmendi Esquivel | Fuente: Catholic. net

VER
No faltan quienes así lo consideran. Incluso un obispo, mayor de edad, que se ha distinguido por rechazar hasta las reformas conciliares, afirma que es un castigo divino, entre otros motivos, por dar la Comunión eucarística en la mano, y porque sigue calificando como idolatría el rito realizado en los ... (ver texto completo)
Sin moverse de Corinto, ejerció un fecundo apostolado epistolar que no conoció fronteras; el papel, la pluma y el mar Mediterráneo fueron sus cómplices generosos en la difusión de la fe.
La vida de este obispo griego —incansable articulista— terminó en el último tercio del siglo II.
Igualmente escribió carta a los fieles de Roma en tiempos del papa Sotero; en ella, elogia los notables gestos de caridad que tienen los romanos con los pobres y testifica su personal veneración a los Vicarios de Cristo.
Entre los miles que van vienen, de vez en cuando un cristiano se acerca, contacta, trae noticias y lleva nuevas a otro sitio del Imperio. ¡Cómo aprovechó Dionisio sus posibilidades! Porque resalta su condición de escritor. Que se tengan noticias, mandó cartas a los cristianos Lacedemonios, instruyéndoles en la fe y exhortándoles a la concordia y la paz; a los Atenienses, estimulándoles para que no decaiga su fe; a los cristianos de Nicomedia para impugnar muy eruditamente la herejía de Marción; a la iglesia de Creta a la que da pistas para que sus cristianos aprendan a descubrir la estrategia que emplean los herejes cuando difunden el error. En la carta que mandó al Ponto expone a los bautizados enseñanzas sobre las Sagradas Escrituras, les aclara la doctrina sobre la castidad y la grandeza del matrimonio; también los anima para que sean generosos con aquellos pecadores que, arrepentidos, quieran volver desde el pecado. ... (ver texto completo)
Y en este sentido tuvo mucho que ver Corinto, —junto al istmo y al golfo del mismo nombre— que en este tiempo es la ciudad más rica y próspera de Grecia, aunque no llega al prestigio intelectual de Atenas. Corinto es la sede de Dionisio; fue, no hace mucho, aquella iglesia que fundó Pablo con la predicación de los primeros tiempos y que luego atendió, vigiló sus pasos, guió su vida y alentó su caminar. Tiene una situación privilegiada: es una ciudad con dos puertos, un importante nudo de comunicaciones ... (ver texto completo)