Sobre su pecho encontraron una poesía a la Stma.
Virgen, que él había recitado frecuentemente y que mandó que la colocaran sobre su cadáver cuando lo fueran a enterrar. Esa poesía que él había propagado mucho empieza así:
Cada día alma mía, di a María su alabanza. En sus
fiestas la honrarás y su culto extenderás, etc., etc.