Un milagro andante
Cuando se le pregunta si sentía dolor, María Alejandra solo responde con un movimiento impreciso de cabeza, lo que habla de su extremadamente tímido y reservado carácter. De hecho, en el
Colegio Las Cumbres donde estudia segundo año, ninguno de sus compañeros sabe que ella está, literalmente, viva por un milagro.
“Solo se lo he contado a mi tutora, y ella, creo, se lo contó a la directora. No quiero que la gente sepa”, dice en pocas palabras la adolescente, que confiesa querer
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