descomunal nariz que husmeaba el cielo, a un lado el pillete de turno, aporreando el tamboril, y en el contrario, la “Borracha”, exhibiendo con orgullosa satisfacción un segundo tambor, su vientre, que se hinchaba cual globo próximo a reventar, haciéndole ir con paso tardo y oscilante, y que en su insolente redondez subía escandalosamente el delantero de la falda, dejando al descubierto los tan maltrechos como hinchados pies bailando en viejos zapatos y aquellas piernas cuya suciedad y sequedad no ... (ver texto completo)