Y también hay que decir, que alguna noches, sobre todo si la luna luce nueva y clara, hay ojos que ven sin ser vistos, y los dueños de estos, decían, a quienes querían escucharles, que la adivinadora, cuando el sol se ausentaba tras los cerros, se encerraba en su vivienda ante el espejo de su tocador y con cepillo, peine, perfume de hierbas mágicas, se retocaba el peinado y maquillaba elegantemente el rostro, después andando lentamente y mirando en todas direcciones, intentando no ser vista, se acercaba ... (ver texto completo)