Las noches se disfrazan de fiesta, los jóvenes se cubren con el mando de la noche mientras los garitos encendiendo sus luces hacen florecer un pueblo sumido en el olvido. Todos corean unísonos las letras de las canciones que bien conocen. Las barras se cubren de gentes para marear a los camareros que fin de semana tras fin de semana aguantan horas sirviendo a sus vecinos, hijos, amigos de sus hijos... La fiesta de un pueblo... Muy diferente a la de una ciudad... No encuentras cientos de gentes en ... (ver texto completo)