Un día su soledad se vio interrumpida por la llegada de Clodoveo que iba a
cacería junto con todo su séquito. Con el rey iba también la reina, a quien precisamente en ese momento le vinieron los dolores del parto. Las oraciones y los cuidados de
San Leonardo hicieron que el parto saliera muy bien, y entonces el rey hizo con el
santo un pacto muy particular: le obsequiaría, para construir un
monasterio, todo el territorio que pudiera recorrer a lomo de un burro.