Pedro has hecho bien en ponerlo que no te las dejan mandar, pero no te preocupes dulcinea te ha hecho unas postales preciosas que ya te las madare yo.
besos.
amistad.
que rabia con el trabajo que tiene Pedro y lo ha tenido que dejar para hacer estas postales y hacer contetas a 2 personas y esta gentuza se rie en la cara de la gente.
mistad
Un saludo Amistad
Me alegro que te gustara esa canción, la verdad es que la música italiana siempre me ha gustado mucho desde la llamada seria como Verdi, Donizetti, Puccini etc. hasta la música popular como Celentano, Paoli, Mina etc.
Bueno me extraña que no sepas bailar, alguna foto he visto que estas bailándo estupendamente así que el que te va a pisar seré yo Ja, ja.
Un abrazo.
Papageno, ponte las gafas porque lo que tu has visto es la cosa màs lejana a la palabra bailar, es saltar y hacer el tonto, esta si que es la palabra exacta para definir lo que hacemos en la plaza.
un besazo.
Un saludo Dulcinea.
Me figuro las plataformas de tus zapatos ja, ja, si te fijastes había una cabaña en frente, bueno allí había un motor que machacaba la piedra cocida en un horno que estaba allí mismo al lado.
La piedra se extraía por medio de unos agujeros que se hacían a mano con una especie de lanza como la de los romanos je, je, llamada barrena luego se rellenaba con pólvora se taponaba y se ponía una mecha y después de esconderse booooom, bueno más o menos era así, ya se que mi narración ... (ver texto completo)
Hola Papageno;

Ja, ja, jaaaaaaaaa tenias que haberme visto saltando por las cuevas para no mojarme con el agua que había en el suelo y después me subí a un cerro alto que hay a unos metros de allí justo enfrente de ellas para hacer mejor las fotos de los paisaje con el pueblo de fondo. La gente que pasaba en sus coches por la carretera se quedaba mirando, pensarían que hace allí arriba la cabra esta. Bueno ja, ja, ja y porque no me vieron las plataformas.

Gracias por la explicación aun no lo ... (ver texto completo)
Holaaaaaaaaaa P. Collado;

Gracias, gracias, graciassssssssssssssssssssssss sssss.

Qué cosa tan bonita de tarjeta, me encanta y las palabras que la acompañan a un más. Parece que me conozcas porque encaja perfectamente con mi personalidad. Soy como una niña grande o al menos eso me dicen.

Que gran sorpresa por inesperada. Has hecho que me sienta muy, muy feliz. Cuando he abierto el correo no me lo podía creer que tú supieses cuando era mi cumpleaños. Me he puesto nerviosita pérdida de emoción ... (ver texto completo)
no tienes por que dármelas, es todo un placer compartir unos instantes, con todos vosotros, la lastima es que no tenga mas tiempo para ello, y lo del día del cumpleaños, es gracia a mi prima que me lo dijo, la lastima es que los demás no puedan ver el montaje, ahora esperar el día 13 para el mío, 53 añitos como pasa el tiempo, abandonar el pueblo que me vio nacer y que siempre llevo en mi corazón, al igual que toda mi gente.
Que lastima el día 23 no subí a Barcelona, lo mismo si llego a subir me ... (ver texto completo)
Holaaaaaaaaaa P. Collado;

Gracias, gracias, graciassssssssssssssssssssssss sssss.

Qué cosa tan bonita de tarjeta, me encanta y las palabras que la acompañan a un más. Parece que me conozcas porque encaja perfectamente con mi personalidad. Soy como una niña grande o al menos eso me dicen.

Que gran sorpresa por inesperada. Has hecho que me sienta muy, muy feliz. Cuando he abierto el correo no me lo podía creer que tú supieses cuando era mi cumpleaños. Me he puesto nerviosita pérdida de emoción ... (ver texto completo)
Holaaaaaaaaaaaaaaaa Amistad.

Ahora mirando bien el mensaje de P. Collado y los que hay debajo me he dado cuenta que tú estabas detrás de todo esto, eres un solete.

Te lo agradezco doblemente porque se como te encuentras y el trabajo que te cuesta hacer cualquier cosa y por mi has sido capaz de ponerte en contacto con P. Collado y todo para pedirle que me hiciese una tarjeta de felicitación. Muchas gracias de verdad Amistad me ha hecho muy feliz recibirla. Bueno mejor dicho recibirlas, porque ... (ver texto completo)
Holaaaaaaaaaa P. Collado;

Gracias, gracias, graciassssssssssssssssssssssss sssss.

Qué cosa tan bonita de tarjeta, me encanta y las palabras que la acompañan a un más. Parece que me conozcas porque encaja perfectamente con mi personalidad. Soy como una niña grande o al menos eso me dicen.

Que gran sorpresa por inesperada. Has hecho que me sienta muy, muy feliz. Cuando he abierto el correo no me lo podía creer que tú supieses cuando era mi cumpleaños. Me he puesto nerviosita pérdida de emoción ... (ver texto completo)
Hola Papageno, tu si que sabes ole y ole gracias por tu canciòn de Francesco de Gregori, es una canciòn de hace muchos anos, pero muy bonita y te digo màs tengo una sabanas que en la de arriba y en la funda de la almuhada esta escrito buonanotte buonanotte fiorelino, osea que tienes hasta telepatia.
Y tu preparate tu maravilloso traje italiano porque ya te ha dicho Dulcinea que tiene que ser de clase porque si ha villarejo no entras que el baile aunque no sepa bailar lo hacemos, no se como pero ... (ver texto completo)
Un saludo Amistad
Me alegro que te gustara esa canción, la verdad es que la música italiana siempre me ha gustado mucho desde la llamada seria como Verdi, Donizetti, Puccini etc. hasta la música popular como Celentano, Paoli, Mina etc.
Bueno me extraña que no sepas bailar, alguna foto he visto que estas bailándo estupendamente así que el que te va a pisar seré yo Ja, ja.
Un abrazo.
Hola Papageno;

Estas solas cuevas que hay saliendo de Villarejo en dirección Fuentelespino a mano izquierda de la carretera, a la derecha hay otras que son más grandes pero como había llovido tanto no pude ir porque el suelo estaba todo embarrado. No veas como salí de ver estas, toda embarrada, parecía que llevaba plataformas en los zapatos de tres o cuatro dedos ahora que están tan de moda pero estas mucho mas originales porque eran de barro, vamos de quitar y poner.

Hace dos años que estuve ... (ver texto completo)
Un saludo Dulcinea.
Me figuro las plataformas de tus zapatos ja, ja, si te fijastes había una cabaña en frente, bueno allí había un motor que machacaba la piedra cocida en un horno que estaba allí mismo al lado.
La piedra se extraía por medio de unos agujeros que se hacían a mano con una especie de lanza como la de los romanos je, je, llamada barrena luego se rellenaba con pólvora se taponaba y se ponía una mecha y después de esconderse booooom, bueno más o menos era así, ya se que mi narración ... (ver texto completo)
A KASTEFA

Muy agradecido por tu mensaje, el pregón que tan amablemente me transcribes reúne los requisitos de sencillez, concreción, sentimiento y brevedad, esto ultimo por aquello de que lo bueno si es breve es doblemente bueno. Gracias

Aprovecho esta ocasión para dejar en el foro mi opinión, por supuesto muy personal y no la quisiera equivocada, de que día a día, entre todos vosotros, el nivel, llámese cultural, dígase intelectual, o de cualquier sinónimo de lo anterior avanza a grandes zancadas.

... (ver texto completo)
Estoy de acuerdo contigo Eduardo. Quienes participamos no somos ninguno catedráticos de nada: Si acaso si de nuestras diarias vivencias. Y que mejor que eso para intentar aumentar culturalmente en la medida del propio intelecto. Creo que todos los que escribimos por esta web bien preguntando, exponiendo, opinando, contando nuestras historias o vivencias cada uno a su manera, (o bien poniendo fotos), somos necesarios. A ver si poco a poco se van uniendo algunos paisanos ya que la web en esto no nos ... (ver texto completo)
Quetal Eduardo.

Pues en verdad que si tu relato es un cuento, también parece realidad. Y si fuere en su caso realidad, también podría ser un bonito cuento. El caso es que me a agradado mucho y me lo he ledo de un tirón, sabiéndome a poco. O sea que si huviese seguido a ser mas extenso con mucho gusto mejor. Saludos.
A KASTEFA

Muy agradecido por tu mensaje, el pregón que tan amablemente me transcribes reúne los requisitos de sencillez, concreción, sentimiento y brevedad, esto ultimo por aquello de que lo bueno si es breve es doblemente bueno. Gracias

Aprovecho esta ocasión para dejar en el foro mi opinión, por supuesto muy personal y no la quisiera equivocada, de que día a día, entre todos vosotros, el nivel, llámese cultural, dígase intelectual, o de cualquier sinónimo de lo anterior avanza a grandes zancadas.

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decir al titán........ señor “apotheker”, ¡mi “taube”!, ¡el zurrón!.........., un estertor anunció el fin de su dolor.
Las manos de quien había escuchado las ultimas palabras del desconocido batallador cerraron sus párpados, realizó una mirada rápida a su alrededor y no encontró nada apropiado con que cubrir púdicamente el cuerpo inerte, con un gesto rápido se despojo de su blanca bata y con la misma tapó el sereno rostro del brigasdista.
Acto seguido, el boticario, curioso y conmovido recogió el zurrón y lo abrió, en cuyo momento, entre sus manos, con un enérgico aletear salió de él la blanca paloma que tan malhumoradamente cuidó un día, ascendió esta sobre la explanada del dolor, se alejó rápidamente en vuelo sobre los campos adyacentes y regreso en breves momentos, se aproximó de nuevo al triste lugar del que había acabado de salir, localizó el zurrón y su nido, y comenzó a dar vueltas en cerrados círculos sobre el cuerpo del guerrero caído.
El boticario quedo absorto en la contemplación del animal y sintió, el solo, solamente él, que a su alrededor se hizo el más sepulcral silencio, dejó de oír los lamentos de los amontonados heridos, los gritos y ruidos de enfermeros y coches en tan dolorosos transportes, que iban y venían desesperadamente de un lado a otro, silencio absoluto, silencio inexplicable que permitía que solo llegara a sus oídos el aletear de la paloma.
Desde algún lugar del campo de batalla, tan lejano como para que su efecto letal fuera imposible que alcanzara el patio del hospital, retumbó el trueno salvaje de un obús.
Y la paloma, como si aquel eco, símbolo acústico de destrucción y muerte fuera una señal de un ignoto más allá, dejó súbitamente de aletear, notó entonces el boticario que en su pico portaba un pequeño, muy pequeño objeto que no identificaba, y que la paloma soltó al instante mismo en que su aleteo cesó.
Inició el ave su caída al suelo en irregular verticalidad yendo a posar su cuerpo abatido sobre el propio pecho, jardín de rosas rojas de su compañero muerto, cuyos pétalos sangrientos ya traspasaban la piadosa bata blanca de su sudario, paloma y guerrero se volvieron a unir sobre el embarrado suelo del patio del hospital. Dos vidas nacidas para el ideal de la libertad se unieron en su derrota, ni el guerrero pudo contarnos su historia, ni la paloma remontar el vuelo.
Algo emocionado, el farmacéutico sintió, sin motivos razonables, una imperiosa necesidad de saber que portaba la paloma cuando se abatió, siguió la caída del objeto, más lenta que la del ave, y vio que la gravedad lo llevó hasta un charco de sangre aún fresca de los muchos heridos que continuamente llegaban, se acercó y comprobó que no era otra cosa que una diminuta ramilla de olivo, la miró pensativo durante unos minutos y dejó que el charco de sangre que la empapaba la absorbiera en su coagulación
No pasó mucho rato hasta que llegaron los del mortuorio, unos retiraron el cuerpo del luchador, sin que nunca se supiera quien fue y donde reposan sus restos y otros con arena cubrieran el charco de sangre ya coagulada con la ramita de olivo.
Todo lo que he relatado y no presencié personalmente me lo contó, pasado el tiempo, el boticario, o lo soñé, no lo sé, y en verdad sigo sin saber si todo esto es una historia, o una visión, o puede ser que solo sea un relato imaginado, más vale que lo toméis como tal, al fin de cuentas una paloma es un pájaro más de los muchos que cada día cobra el cazador y los campos españoles siguen llenos de olivos, pero faltos de los ideales de mi titán, este y miles como el si fueron realidad, pero no os entristezcáis, todo es el relato de un cuento, tomarlo como tal.


FIN ... (ver texto completo)
-...... Señor farmacéutico....... ¿Mi “taube”?
- Ahí la tienes camarada, curada, sana y salva de herida y puchero, que no creas que ganas no ha habido de..........
- Gracias, muchas gracias camarada, nunca conocerás mi agradecimiento, quiero pagarte, lo que me pidas, bueno hasta donde yo pueda, sabes que en al frente no llega mucho dinero ya que si por dinero fuera no estaríamos luchando, dime ¿Cómo puedo pagarte?
- Bueno compañero, dijo con cierto envalentonamiento el boticario, dame dos pesetillas y en paz, si se pueden hacer favores, pues se hacen y más a combatientes como tu ¿Qué tal el frente? ¿Los contenemos?
Calló el guerrero a las preguntas, pero dejó sobre el mostrador las dos pesetas reclamadas.
- ¿Dónde la tienes?
- Aquí hombre, aquí, y mira que bien acomodada ha estado – Le repitió el boticario más de dos veces.
Con igual cuidado que en su día la dejó reverencialmente, como si de un objeto sagrado se tratara, la sujetó suavemente por el lomo, y haciendo hueco en su zurrón la deposito en el fondo del mismo, que previamente había ahuecado colocando unos periódicos dentro a manera de tosco nido, cerró el zurrón cuidando mantener una abertura por la que entrara aire, lenta y cuidadosamente volvió a colgarse el talego a la espalda
Antes de volverse para salir de la botica, mirando alternativamente a ambos, nos dijo. - Nunca sabréis cuanto es mi agradecimiento, si esta guerra acaba pronto y la sobrevivimos, os prometo que vendré a contaros la historia de mi “taube”, ahora no puedo, me esperan en mi unidad, el mando dice que parece que el enemigo está preparando un ataque y hacen falta todos los hombres en las trincheras del frente, si nos derrotan Madrid y España dejaran de ser República y las represalias podrán regar de sangre calles y campos.
- Salud compañeros y quiera el destino, que últimamente está en contra nuestra, que sea hasta pronto - Fueron sus ultimas palabras cruzando el umbral de la mugrienta puerta.
No pude seguir su dirección, el Sol de mediodía transformado en arco iris por el paso a través de los sucios cristales me impidió verle marchar.
Unos pocos días después, desde el centro de Madrid empezó a escucharse un furioso bombardeo sobre las líneas de defensa que resistían el asedio, por el intenso terror de unos a que se tratara de una ofensiva de los suyos y se delataran como quintacolumnistas, y de los otros a que fuera la ultima ofensiva e inminente ocupación, nadie decía nada, nadie preguntaba, ninguna noticia oficial era creíble, pero.........
A la mañana siguiente, empezaron a circular coches por lo que quedaba habitado de Madrid, con altavoces reclamando urgentemente la colaboración de todos los ciudadanos para que donaran sangre en los hospitales militares, y que además acudieran a ellos todas las personas con conocimientos sanitarios, llámense practicantes, enfermeras, estudiantes de medicina, médicos, farmacéuticos, llevando consigo si era posible, instrumental y medicamentos para curar heridas, también voluntarios para los reconocimientos mortuorios y que todo aquel que fuera capaz de luchar con un fusil o una bayoneta se dirigiera a las trincheras.
Mi patrón, viviendo en el céntrico y burgués barrio de Salamanca no pudo dejar de oír la proclama.
- ¿Qué hacer?...... Si voy corro el riesgo al aproximarme a las trincheras, y si ganan los nacionales me dirán que colaboré con los rojos, si no voy los republicanos me acusarán de fascista o por lo menos de emboscado ¿Qué hago?
Finalmente armándose de un valor del que siempre careció, el boticario recogió del ya exiguo almacén de su farmacia un puñado de viejas vendas, algo de polvos de sulfamida, apósitos, unos pocos paquetes viejos de algodón, aspirinas caducadas, un añejo y casi inservible instrumental para transfusiones, posiblemente todo con más años que utilidad, y poco más, se revistió de bata blanca y con más miedo que buena voluntad se marchó al frente, como él decía, en realidad el hospital de sangre más cercano al barrio estaba a dos manzanas de la farmacia y las trincheras a veinte manzanas.
Cuando llegó al sitio elegido, en la explanada que daba a la puerta del edificio hospitalario, entre un ir y venir constante de destartalados coches transportando heridos, un sargento de sanidad sentado sobre un velador recibía a los voluntarios, tomando nota de sus nombres y preguntaba en que forma podían colaborar.
- Yo soy farmacéutico y con titulo de practicante y mucha experiencia........... y traigo............
- Mira deja al teniente que hay en aquella camioneta lo que traes y vete a la puerta del hospital y ponte a lar ordenes del capitán médico que está clasificando los heridos por su gravedad
Así lo hizo y el capitán le ordenó permaneciera a su lado para ayudarle, y diciendole “Sí ves que es poca cosa les dices a los camilleros que los dejen en el pasillo de la derecha” “Si son graves me avisas inmediatamente y que los pasen dentro rápidamente” y “Si están muertos se lo dices a los del mortuorio que estarán por allí. “No te duermas y no entierres a quien no debas” Cualquier duda me la preguntas, sé sensato y ten cuidado.
Se situó donde le ordenaron y cumplió como pudo las ordenes del capitán, del primero y segundo coche llegaron cadáveres destrozados cuyo diagnostico incluso a falta de forense no admitía dudas, del tercer coche descendieron primero a un guardia de asalto con el brazo izquierdo arrancado por la metralla a la altura del hombro ¡Camilleros rápidamente, avisar al capitán y a dentro a quirófanos!. Al segundo al extraerlo del coche no presentaba externamente ningún síntoma de herida, su rostro pese a tener un color macilento reflejaba serenidad, estaba muy tranquilo, prácticamente inmóvil,....... pero........ ¡Su cara le era conocida!....... ¿Quién era aquel hombre?........... ¿De que lo conocía?.......!. SÍ!.., era el hombre del dichoso pájaro, ¡Era él!, seguro, su cazadora, su zurrón, era él, ¿Pero que le pasaba? ¿Dónde la habían herido? pidió a un soldado sanitario que lo colocara en una camilla y la dejara sobre el suelo para intentar conocer su gravedad, llamó a gritos al capitán médico y mientras este llegaba, notó que respiraba lenta, cansadamente, signo de que aún conservaba un hálito de vida...... se aproximó más y le desabrochó como pudo la guerrera sin esperar al médico, al abrirla, una rosa de sangre florecía con crecientes pétalos sobre el centro de su pecho, sin haber llegado aún el capitán ordenó con una energía que nunca tuvo....... ¡Rápido camilla para quirófano! ¡Rápido!........... no terminó de decir esto ultimo cuando percibió un tenue gesto del moribundo pidiéndole acercara su oído y con un hilo de voz casi imperceptible, en los últimos segundos del fin de su agonía, oyó decir al titán........ señor “apotheker”, ¡mi “taube”!, ¡el zurrón!.........., un estertor anunció el fin de su dolor.
Las manos de quien había escuchado las ultimas palabras del desconocido batallador cerraron sus párpados, realizó una mirada rápida a su alrededor y no encontró nada apropiado con que cubrir púdicamente el cuerpo inerte, con un gesto rápido se despojo de su blanca bata y con la misma tapó el sereno rostro del brigasdista.
Acto seguido, el boticario, curioso y conmovido recogió el zurrón y lo abrió, en cuyo momento, entre sus manos, con un enérgico aletear salió de él la blanca paloma que tan malhumoradamente cuidó un día, ascendió esta sobre la explanada del dolor, se alejó rápidamente en vuelo sobre los campos adyacentes y regreso en breves momentos, se aproximó de nuevo al triste lugar del que había acabado de salir, localizó el zurrón y su nido, y comenzó a dar vueltas en cerrados círculos sobre el cuerpo del guerrero caído. ... (ver texto completo)
El misterio de mis arcanos recuerdos me llevan a deciros que desee que aquel hombre fuera el más fiero y admirado de los guerreros que habían de levantar el sitio de Madrid y devolvernos paz y pan.
El boticario, hombre tan menguado y enjuto como temeroso, se atrevió, con cierto desconcierto a preguntarle titubeante.:
- ¿Que desea.... digo.... que quieres camarada?
Percibí por primer vez la voz del hombre, hablaba un castellano con fuerte acento extranjero, su voz fluía en tono grave y pastoso, ... (ver texto completo)
CON EL RUEGO DE JUZGUÉIS CON BENEVOLENCIA EL SIGUIENTE ENGENDRO
POR SUPUESTO NO CONTIENE NINGÚN DATO NI REFERENCIA AUTOBIOGRÁFICA

LA PALOMA DEL BRIGADISTA INTERNACIONAL
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Todo lo que relato ocurrió cuando yo tenia unos 12 o 13 años, y pese a los muchos ya transcurridos, de vez en cuando, en las horas calmas bañadas por la espesa oscuridad de la soledad de mi dormitorio, cuando mi mente se niega a entregarse al descanso que en silenciosos gritos demandan mis gastados huesos, esperando entre los mil temores de mi ancianidad el ansiado transito al balsámico sueño que me lleve a un nuevo amanecer, fluyen desde la lejanía recuerdos, que con mi humilde aprendizaje en lo de juntar palabras, trato con más voluntad que sapiencia de relataros.
Y lo hago, por que siendo el pensamiento aún más raudo que los rayos del Sol, se repiten profundas emociones, aunque el tiempo las haya erosionado, como la luz, la lluvia y el viento desgastan el duro granito.
Entra tantos recuerdos almacenados, hay uno especial, que hincado en mi ya flaca memoria, se repite una y otra vez, sin solución de continuidad, es algo que viví, o soñé, pues llevo ya mucho tiempo entremezclando ensoñaciones y realidades.
Comienza esta narración por Enero o Febrero de 1.937, hace tiempo que dejé de poder precisar la fecha, pero si recuerdo como una imagen presente e inmediata a un Madrid, mi residencia de entonces, cercado desde dos o tres meses antes por las tropas de gloriosos generales africanistas, que pregonaban querer llevar a España por el Imperio hacia Dios, y bajo esta excusa masacraban con saña a la vecindad matritense, repartiendo con tenebrosa regularidad bombas llevadas por el cielo por sus aviones Heinkel, Junkers, Savoias o vomitadas por las bocachas de los cañones Krupp. El terror y el hambre era el bagaje común de los que en la ciudad cebábamos nuestra moral con un “No pasarán”, aunque el chusco chuleta siempre añadía, mirando primero alrededor;
“Y si pasan no les hablaremos”.
Tenia Madrid entonces el penoso mérito de ser y posiblemente de haber sido la ciudad de este belicoso mundo sitiada por una amplia panoplia de soldados. Yo cuento hoy, y seguro dejo alguno: A los ignorantes mercenarios marroquíes de misera soldada. Los ilustrados cóndores germanos. Las teatrales brigadas italianas de pintorescos uniformes. Los novios de la muerte, marginados escondidos en la legión extranjera, encandilados por el primer general en la historia con más mutilaciones en su cuerpo que trozos carnales de origen materno. Aún cabria algún “viriato” portugués. Unos pocos tan católicamente integristas como alcoholizados irlandeses, incondicionales de su presidente De Varela. Y a más de algún etcétera, y ya hablando de nuestros propios paisanos; Falangistas ungidos de fervor joseantoniano. Enardecidos requetés de roja chapela y dorada borla ansiando obtener “Dios, Patria y Rey”, Y también los más numerosos, los españolitos de a pie que bajo el punzar sobre sus espaldas de bayonetas llegadas de África les obligaron en Andalucía, Extremadura y Castilla a cambiar el honrado arado por el infame fusil, con un fugaz aprendizaje sobre el modo de batirse en batalla. De estos soldados, muy pocos sabían por que y para quien morían. A ninguno le dejaban pensar para que les habían entrenado en el combate y el ignominioso tiroteo entre hermanos, vecinos y paisanos de sangre y terruño.
A tan surtidas y nutridas huestes se oponía un puñado de reclutas de reemplazo a los que no les llegó noticia ni orden de levantamiento y estaban en este lado de la contienda como igual podría haberles tocado en suerte la contraria. Una muy numerosa tropa de milicianos, tan desarrapados como animosos, indisciplinados y llenos de inflamadas consignas. Todos tan desarmados que carecían de un arma por cabeza. Había también variopintos veteranos idealistas encuadrados en brigadas internacionales, y unos menos en número pero ejemplar y eficazmente disciplinados guardias de asalto que mantuvieron su juramento de lealtad a la legalidad gubernamental.
Para devolución del riego de bombas y obuses, los defensores de la Capital contaban con alguna artillería utilizada en el siglo anterior, y posiblemente sacada de algún olvidado museo, parte estratégicamente camuflada entre la arboleda de los céntricos jardines del Real Sitio del Buen Retiro, allí se apostaron dos piezas ateamente bautizadas por el gracejo de la villa con el acertado nombre de “Los Abuelos”, ya que de vez en cuando, con inútil eficacia, bramaban disparos de decrépitos proyectiles que nunca diezmaron formación militar enemiga, pero cuyos rugidos alguna moral de resistencia si que impartían entre los depauperados capitalinos.
En una temprana anochecida, mirando hacia la oscura calle, mientras caía una fría y fina llovizna, casi aguanieve, que helaba la médula de los raquíticos huesos que se atrevían a deambular, me encontraba desempeñando mi primer trabajo, dependiente de una modesta farmacia, mancebo de botica, como entonces se decía. El establecimiento era muy humilde, con quizá mas de un siglo existencia, acentuada su vetustez por el triste entorno que precipitaba su decadencia, estaba ubicado en una calle del Barrio de Salamanca, no recuerdo el nombre, poco más o menos una travesía de Velazquez, pero esto da lo mismo, mi trabajo allí se debía más al tesón de mi padre en que estuviera ocupado en un lugar alejado del frente, confiado en la ilusa promesa de que los sitiadores, ganadores finalmente de su victoriosa cruzada, cumplirían su proclama de no bombardear el burgués barrio de Salamanca, evidentemente querían simpatizar y proteger a sus quintacolumnistas por allí agazapados.
Me doy cuenta que me pierdo en el relato del cuento, ¿O fue realidad?, ¿O sueño o ficción?, el caso es que por los cochambrosos cristales de la puerta de la farmacia, o si lo preferís botica, vi acercarse, aquella noche, fría, oscura y húmeda, la figura de un hombre con paso lento, alto, erguido, solemne, fornido, detonaba cansancio, y con trazas de mejores carnes en tiempos pasados, la exigua luz que de no se sabe dónde filtraban candiles de rancio aceite envolvían en cambiantes sombras aquella figura que se acercó hasta los tiznados cristales de la puerta, la empujo muy suavemente, diría que con timidez, casi pidiendo perdón por entrar, se paró durante unos segundos algo alejado del mostrador y lo pude ver entonces con la mortecina luz de la ante-botica, me pareció apreciar que aquel ser, llegado de entre la llovizna y las sombras, se tocaba con gorro cuartelero de color ya olvidado, sin borla ni enseña, abrigaba su cuerpo con lo que un día pudo ser una zamarra de negra piel, sobre la que decenas de rozaduras y rasgones le habían hecho perder su lustre y textura, cruzaba su pecho y espalda correaje atado al cinto que en vez de hebilla con rutilantes emblemas se sujetaba ahora con tosco alambre, cuatro cartucheras le colgaban de la cintura ajadas y deformes, quise pensar que por el peso de la munición para la que fueron hechas, pero en realidad su malformación provenía de arrastrarlas por campos y trincheras, rodeaba uno de sus hombros un cinto que pasando por su pecho sujetaba a sus espalda un fusil, de astillada culata, milagrosamente reluciente su cerrojo y, negro y sucio su cañón, del otro hombro, de una fina cuerda, colgaba un abultado zurrón de inadivinable tejido, también vi que mal atado a su correaje oscilaban a media altura de su pecho dos objetos idénticos, muy semejantes a como en tiempos de mejor nutrición eran pequeños botes de leche condensada, mas quise imaginar que su contenido no era precisamente alimenticio, si no más propio que fueran bombas de mano, seguí bajando mi vista recorriendo su corpachón y me percaté de que de un costado colgaba bayoneta española, aquella cuya hoja, ilógicamente es más ancha en la punta que en el centro, pareciendo escandalosamente mellada, después supe que la peculiar forma de esta garrancha era debida a que reventaba mejor las entrañas donde penetraba, del otro costado, sobresaliendo exageradamente de una raída funda que vivió más elegantes tiempos, se balanceaba una pistola, solo pude ver su culata, y mi imaginación juvenil me llevó a desear que fuera una Lugger otrora propiedad de un abatido aviador “cóndor”.
No he mencionado su rostro, era joven, menos de treinta años, quizás solo un juvenil veinteañero envejecido un año cada día en los combates del asediado Madrid, barba cerrada, crecida y descuidada, que evidentemente no lucia por embellecimiento o distinción, cabello negro y revuelto sobresaliendo de su gorro cuartelero y pregonando la necesidad de barbero y jabón, no digo champú, entonces era producto exótico propio de burgueses decadentes, piel curtida por vientos solanos y helados cierzos, surcada de prematuras arrugas sobre las que una adivinadora nunca podría decir su futuro pero si su pasado. Ese conjunto humano infundía respeto, temor, pero no miedo, yo en mi sueño casi creí verlo rodeado de un hálito irisado cual enseña de nobles sentimientos, sus modales, sus movimientos, eran tranquilos, casi pausados y sin el nerviosismo que habitualmente acompaña a tímidos y bravucones. ... (ver texto completo)