El primer campo de su acción fue la ciudad de Asturis, en una de las orillas del Danubio. Allí vivió una existencia retirada hasta que se le vio llamando a penitencia a sacerdotes y pueblo. Les habló de la necesidad de cambiar de vida antes de que sufrieran una invasión, la cual vaticinó en vano como inminente. La insistencia del santo romano fue inútil, por lo que, después de señalar a un buen anciano que le hospedó el día y la hora en que se cumplirían sus predicciones, partió para Comagenis, plaza ... (ver texto completo)