Ocurrió que un día el yogui fue a visitar al jefe de un poblado y después de tocar unas piezas con el violín, pidió algo para comer.
El jefe del poblado le pidió le vendiera el violín, ofreciéndole por el mismo un elevado precio, pero el yogui se negó a venderlo replicando que el instrumento era su medio de vida.
Y así continuó hasta que el yogui se dio cuenta de que el espíritu aquel se estaba burlando de él y sin vacilar más, cortó el bambú por las raíces y llevándoselo, se hizo con él un violín, tan magnífico, que cuantos lo oían quedaban maravillados de su tono.
De cuando en cuando visitaba la casa de los hermanos de la ahogada, quienes siempre que oían la música de aquel violín no podían contener las lágrimas. El hermano mayor pidió varias veces al yogui que le vendiera el violín, ofreciéndole mantenerlo ... (ver texto completo)
-No, por ahí no cortes, corta por las raíces.
Cuando de nuevo el yogui iba a cortar el bambú por las raíces, el espíritu volvió a hablar:
-Corta más arriba.
En el momento en que se disponía a descargar el primer hachazo, una voz sonó dentro del bambú, diciendo:
-Por favor, no me cortes por la raíz, corta un poco más arriba.
Al disponerse a descargar un golpe en el sitio indicado, volvió a oír la voz del bambú que le decía:
Pasó algún tiempo, y un día su espíritu se reencarnó en un hermoso bambú que creció junto al río, en el mismo sitio donde ella se había ahogado. En pocos días alcanzó un tamaño enorme y un yogui que acertó a pasar por allí, lo vio y se dijo que con la madera podía hacerse un magnífico violín. Al día siguiente volvió al lugar con una afilada hacha y se dispuso a cortar el alto y grueso bambú.
-Ella no sale a trabajar a los campos como nosotras, -decía una- sino que permanece sentada en casa y ni siquiera tiene preparadas las comidas a tiempo.
Reunidas todas las cuñadas fueron a ver a un brujo que vivía cerca de su casa y le pidieron les librara de la odiada parienta. El brujo, que les estaba agradecido por unos favores que le habían hecho, prometió hacerlo, y así, al día siguiente, cuando la joven fue a buscar agua para la comida, un genio enviado por el brujo la empujó tirándola al ... (ver texto completo)
EL VIOLÍN MÁGICO
Éranse una vez siete hermanos y una hermana. Los hermanos estaban casados, pero sus esposas no cocinaban, ya que este trabajo quedaba reservado para la hermana. Por este motivo las esposas sentían una profunda antipatía por su cuñada y decidieron desposeerla de este privilegio, que todas ambicionaban.
Rodrigo Murie falleció hace 3 ó 4 años. Vivió siempre en el pueblo. Era buena persona. Si quieres saber más, me puedes preguntar
Hola, te agradezco la información que me has hecho sobre mi amigo Rodrigo Murie Martínez, que en paz descanse. En verdad que era una buena persona, cuando está-
bamos en el Seminario era uno de mis mejores amigos. Después estuvimos algún tiempo escribiéndonos, supe que trabajó como Auxiliar en el Ayuntamiento de Torrejoncillo, y después ya perdí la pista. En una ocasión en la que fui a la Biblioteca Aguirre de aquí de Cuenca, encontré a un joven que estaba trabajando
allí, y me dijo que era nieto ... (ver texto completo)
- ¡Esta! ¿Has entendido ahora cómo es?
-Perfectamente -sonrió el chacal, y cerrando diestramente la puerta, añadió:
-Con vuestro permiso, señor tigre, os diré que ahora las cosas quedan como antes y podréis reflexionar acerca de la conveniencia de cumplir la palabra que se da.
-Yo estaba dentro de la trampa. Yo, ¿entiendes?
-Sí... No... no le entiendo mucho, ¿podría...?
- ¿Qué? -aulló impaciente el tigre.
- ¿Podría explicarme cómo cayó en la trampa?
- ¿Cómo? Pues como se cae en una trampa.
-No, no, así no nos entenderemos. La cabeza vuelve a darme vueltas. ¿Cuál es la manera de caer dentro de una trampa?
Al oír esto el tigre agotó la paciencia y saltando dentro de la trampa gritó:
- ¡Claro que no! -rugió el tigre, enfadado por la estupidez del chacal-. Te lo voy a explicar gráficamente, con detalles. Yo soy el tigre, ¿me entiendes?
-Sí, señor tigre.
-Este es el bracmán.
-Sí, señor tigre,
- ¡Qué cabeza la mía! -dijo el chacal, apretándose las sienes-. Repetid otra vez ese cuento. Vos estabais en la trampa, y en esto aparece el tigre...
- ¡Idiota! -exclamó el tigre-. Yo era quien estaba dentro de la trampa.
- ¡Sí, sí, claro, ya comprendo! Yo estaba dentro de la trampa y... -el chacal se apretó de nuevo las sienes-. ¡No, no era yo! ¡No sé cómo tengo el cerebro! El tigre había caído dentro del bracmán y llegó la jaula... ¡No, tampoco es esto!
-Dadme unos minutos -pidió el bracmán-. Quisiera explicar al chacal cómo ha ocurrido la cosa. Es un poco duro de cabeza y no me ha entendido bien.
El tigre consintió en ello y el bracmán empezó de nuevo la historia, sin omitir detalle alguno.
-Es muy extraño -murmuró-, pero me da la impresión de que me entra por un oído y me sale por otro. Será mejor que vayamos al sitio donde ha ocurrido eso y así, tal vez, pueda entenderlo mejor.
Regresaron, pues, junto a la trampa en donde el tigre esperaba el regreso del bracmán.
-Has tardado mucho -le reconvino-. Pero en fin, te perdono. Dispónte a servirme de cena.
- ¡Qué historia tan enredada! -exclamó el chacal-. ¿Queréis repetírmela de nuevo, a fin de que me haga cargo de todo lo que ha pasado?
El bracmán repitió su historia, pero el chacal movió la cabeza indicando que no entendía aún.