- ¿Qué os pasa, amigo?
El león explicó con apagada voz el motivo de su sufrimiento.
-Yo podría libraros de ese hueso -dijo la cigüeña cuando el otro animal cesó de hablar-, pero no me atrevo a hacerlo por miedo a que me devoréis.
-No temas -contestó el león, que como rey de los animales hablaba de tú a todo el mundo-. No te devoraré. Te suplico que me libres enseguida del estorbo que tanto daño me hace y que no me deja comer.
EL LEÓN Y LA CIGÜEÑA
Una vez, en el tiempo en que Brahama reinaba en Benarés, estaba un enorme y fiero león devorando su recién cazada presa, cuando se atragantó con un hueso. Irritósele la garganta de tal manera, que el pobre animal pasó varios días sin poder probar bocado. Y sufriendo terriblemente.
Una cigüeña, que le contemplaba desde un árbol, le preguntó una mañana, al ver cómo se retorcía de dolor:
Hola paisanos, me llamo Julián Parra, hijo de Demetrio y Dionisia y os escribocuatroletras primeropara mandaros un saludo, desde Palma de Mallorca, y segundo, para tener noticias del pueblo, elcual lo tengopresente comobuen "almonaceño"atraves de vuestra pagina, sigolas fiestas de San Blas y ladelCristo. Lodicho un saludo para todo/as los/as almonaceños y almonaceñas. Hasta pronto, estaré encantado, derecibir noticiasvuestra
Respirando sosiego y tranquilidad.
Y ésta fue toda la venganza de la joven del violín encantado.
La joven les reconoció enseguida, aunque ellos no supieron que era su hermana, y después de servirles excelentes viandas, les contó su historia, fingiendo que era la de una amiga suya. Los hermanos se avergonzaron de no haber procurado salvarla, y hasta el final de sus días se lamentaron de su mal proceder.
En cambio, los hermanos de ella eran cada día más pobres, y llegó un día en que tuvieron que acudir al jefe del poblado, pues ya ni siquiera podían comer.
Pasaron los años y en la casa reinaba la mayor alegría, pues la joven administraba a la perfección los bienes de su marido, y tanta fue su buena administración que cada día fueron más ricos y poderosos.
Y así fue, y toda la familia se sintió muy feliz al ver a la mujer que el hijo del jefe tomaba por esposa.
-Vete, -exclamó ella-. Tú y yo no podemos casarnos, pues yo soy mitad espíritu y mitad humana.
-De ninguna manera -replicó el joven-. Tú serás de hoy en adelante mi esposa, porque al quererte yo, volverás a ser sólo humana.
Sin embargo, el hijo empezó a sentirse intrigado por aquella constancia y al fin decidió averiguar cuál era la muchacha que tanto se preocupaba por él. Para ello ocultóse detrás de un montón de leña y desde allí vio salir a la joven que habitaba dentro del violín. Con profundo asombro la vio peinarse y preparar la comida, y prendado de su belleza, salió de su escondite y la cogió entre sus brazos y trató de besarla.
De momento, los dueños de la casa supusieron que alguna joven que estaba enamorada del hijo del jefe demostraba de aquella manera su amor, y no se molestaron en averiguar quién era, suponiendo que ella misma se presentaría cuando llegara la oportunidad.
El hijo del jefe del poblado había aprendido música y en sus manos el violín daba unas notas tan maravillosas que causaba la emoción de cuantos lo oían.
Cuando todos los habitantes de la casa estaban ausentes, ocupados en sus trabajos en los campos, el espíritu que habitaba dentro del violín, salía del mismo y preparaba la comida de la familia.
Al volver en sí, el yogui se dio cuenta de que le habían cambiado el violín, y protestó airado, pero el jefe negó haberle robado el instrumento, y al fin tuvo que marcharse con el violín viejo.
Cuando el jefe vio que no podría adquirir el violín, decidió emborrachar al yogui, y para ello sirvió una excelente comida acompañada de los mejores vinos. Cuando hubo terminado de comer, el yogui estaba completamente borracho, y valiéndose de su estado, el jefe cambió su violín por otro viejo y malo.