Tecuciztécatl y Nanahuatzin comenzaron a preparar sus ofrendas mientras ayunaban como penitencia; a la par, los dioses preparaban el fuego de la "roca divina". Todo lo que Tecuciztécatl ofrendaba era precioso: plumas de quetzal, oro, espinas de jade y sangre de coral obtenida por espinas de obsidiana. Lo que Nanahuatzin ofrecía eran cañas verdes, plantas medicinales, espinas de maguey y la sangre pura que manaba por sus manos. Cada uno hizo penitencia en los montes que les construyeron los dioses, ... (ver texto completo)