Una noche, Ignacio tuvo una visión que lo consoló mucho: la Madre de Dios, rodeada de luz, llevando en los brazos a su Hijo, Jesús.
Durante su recuperación, quiso leer novelas de caballería, que le gustaban mucho. Pero en el castillo, los únicos dos libros que habían eran: Vida de Cristo y Vidas de los Santos. Sin mucho interés, comenzó a leer y le gustaron tanto que pasaba días enteros leyéndolos sin parar. Se encendió en deseos de imitar las hazañas de los Santos y de estar al servicio de Cristo. Pensaba: “Si esos hombres estaban hechos del mismo barro que yo, también yo puedo hacer lo que ellos hicieron”.
Quiso ser militar. Sin embargo, a los 31 años en una batalla, cayó herido de ambas piernas por una bala de cañón. Fue trasladado a Loyola para su curación y soportó valientemente las operaciones y el dolor. Estuvo a punto de morir y terminó perdiendo una pierna, por lo que quedó cojo para el resto de su vida.
Un poco de historia

Nació y fue bautizado como Iñigo en 1491, en el Castillo de Loyola, España. De padres nobles, era el más chico de ocho hijos. Quedó huérfano y fue educado en la Corte de la nobleza española, donde le instruyeron en los buenos modales y en la fortaleza de espíritu.
Breve Biografía

San Ignacio de Loyola supo transmitir a los demás su entusiasmo y amor por defender la causa de Cristo.
Fecha de canonización: 12 de marzo de 1622 por el Papa Gregorio XV
Fecha de beatificación: 27 de julio de 1609 por el Papa Pablo V
Santoral

Ignacio de Loyola, Santo
Memoria Litúrgica, 31 de julio

Por: Cristina Fernández | Fuente: Catholic. net

Fundador de la Compañía de Jesús (Jesuitas)

Martirologio Romano: Memoria de san Ignacio de Loyola, presbítero, quien, nacido en el País Vasco, en España, pasó la primera parte de su vida en la corte como paje del contador mayor hasta que, herido gravemente, se convirtió. Completó los estudios teológicos en París y conquistó sus primeros compañeros, con los que más tarde fundaría ... (ver texto completo)
"2005-07-31 14:22:06 J. DE F, me alegra verte por aquí. Así que para punta no, pues cuando vaya a mazagón te haré señales de humo y cuando las veas vete hacia el espigón y mira hacia tu izquierda, que esa playa es la mia. Todavía no tengo claro del todo que vaya pero en julio ya estuve tres dias. Intentarlo lo intentaré, porque mira que me gusta mazagon y estando en mi tierra me cuesta no darme un garbeillo. Un saludo amigo y buenas vacaciones. Maria."
"2005-07-31 13:35:10 Amigos Maria y Emi, un saludo cariñoso, extensible a las demás personas, que también hablan de nuestra tierra Huelva. Transmito desde aqui, mi admiración, por Castilla, por su historia y sus gentes y sobre todo, por su simpatia, Emi, yo estoy como tú, trabajando, aún no han llegado las vacaciones, pero estoy contento, porque iré a Punta Umbria, si Maria, a nuestras playas bonitas del Sur. Un fuerto abrazos, para todos. Juan de F. Del Club Onuba."
"2005-07-31 04:14:58 Po si MILAGROS, ancha y bien ancha que debe ser porque si no, no cabría esa gente con los corazones tan grandes como los vuestros. Estas mirando ya ese cielo negro plagadito de estrellas? a la hora que es ahora mismo se tienen que ver de maravilla. en zufre esa es una de las cosas que tambien puedo admirar... las estrellas, y gracias a mi amigo pepe voy buscando las constelaciones, que si la osa mayor, el carro, etc, etc. MARIBEL, tambien andaras por alconchel o acaso tú vives ... (ver texto completo)
Carretera de entrada a Villarejo.
Recomendaba mucho la comunión frecuente y exhortaba a sus oyentes a convertir la Sagrada Eucaristía en su alimento de todas las semanas.

Artículo originalmente en ACIPRENSA
A la gente le agradaba mucho sus sermones, y por eso le pusieron el sobrenombre de crisólogo, que quiere decir, el que habla muy bien. Su modo de hablar era conciso, sencillo y práctico. La gente se admiraba de que en predicaciones bastante breves, era capaz de resumir las verdades más importantes de la fe. Se conservan de él, 176 sermones, muy bien preparados y cuidadosamente redactados. Por su gran sabiduría al predicar y escribir, fue nombrado Doctor de la Iglesia, por el Papa Benedicto XIII.
Cuando empezó a ser arzobispo de Ravena, había en esta ciudad un gran número de paganos. Y trabajó con tanto entusiasmo por convertirlos, que cuando él murió ya eran poquísimos los paganos o no creyentes en este lugar.