— ¿Dices que tú sí puedes? —repitió Eloísa—, ¿Cómo?
Frente a ella estaba el hombrecillo,, más curioso que jamás había visto. Apenas, era mayor que un enano y tenía las orejas en punta, una nariz colorada y úna barba larga y sedosa. Sus ropas eran de un verde y rojo estridentes, y lucía un inmenso sombrero de ala ancha adornado con una pluma de avestruz.
— ¡Yo sí puedo!
—Y sentándose en el taburete, rompió a llorar.
—No puedo hilar paja y convertirla en oro —se lamentó la joven amargamente—. ¡Nadie puede hacerlo!
Eloísa trató de disuadirle, mas fue inútil. El rey salió de la estancia y echó la llave a la puerta.
—Tu padre asegura que sabes hilar paja y convertirla en oro —dijo el rey—. Muy bien, ¡pues si no transformas toda esta paja en oro antes del anochecer encerraré a tu padre en la cárcel por haber mentido!
En seguida los guardias reales fueron al molino en busca de la muchacha. Cuando Eloísa llegó al palacio, el rey la condujo por una oscura escalera hasta los sótanos. Allí, en el rincón de una pequeña estancia, había una rueca, un taburete y un montón de paja.
—Pamplinas —dijo el rey— Es un fanfarrón. Yo le enseñaré a no decir más mentiras. Traedme a la hija del molinero. ¡Pronto veremos si es capaz de convertir la paja en oro!
El sirviente, sabiendo lo mucho que el rey amaba el oro, le contó aquella noche la absurda baladronada del molinero.
— ¿Sabes? —empezó a jactarse el molinero—. Mi hija no sólo es la más bella del reino, sino también la más lista. Es tan lista que sabe…, que hasta es capaz… ¡de hilar paja y convertirla en oro!
Un buen día se presentó en el molino un sirviente de palacio, que venía a buscar harina para los pasteles del rey.
Rumpelstiltskin

Erase una vez un molinero que siempre andaba jactándose. Decía que él molía la harina más fina, que su mujer preparaba las tartas más sabrosas y que su gato era capaz de atrapar a un millar de ratones en un solo día. Pero sobre todo estaba orgulloso de su hija Eloísa.
Esta es la flor que le corresponde al mes de mayo.
Hay de más colores, pero los que tengo son amarillos y granates.
Como estaba abierta una ventana de la casita, salto`por ella Ricitos de Oro, y corrio sin parar por el bosque hasta que encontro el camino de su casa.