UN LINGOTE DE ORO TAN GRANDE COMO LA CABEZA DE UN CABALLO

Un rico mercader que se bañaba en el río estaba a punto de ahogarse. Un viejo que pasaba por allí oyó sus gritos, se zambulló y logró sacarlo hasta la orilla. El mercader no sabía cómo recompensar al viejo: lo invitó a su casa en la ciudad, le dedicó mil atenciones y le regaló un lingote de oro tan grande como la cabeza de un caballo.
Pero no había transcurrido mucho tiempo cuando algunos nobles se alzaron en armas contra el rey Arturo. Merlín proclamó que Arturo era hijo del rey Uther, por lo que era rey legítimo. Pero los nobles siguieron en guerra hasta que, al fin, fueron derrotados gracias al valor de Arturo, ayudado por la magia de Merlín.
Para evitar que lo ocurrido volviera a repetirse, Arturo creó la Tabla Redonda, que estaba formada por todos los nobles leales al reino. Luego se casó con la princesa Ginebra, a lo que siguieron años de prosperidad y felicidad tanto para Inglaterra como para Arturo.
"Ya puedes seguir reinando sin necesidad de mis consejos -le dijo Merlín a Arturo-. Continúa siendo un rey justo y el futuro hablará de ti" ... (ver texto completo)
Todos admitieron que aquel muchachito sin ningún título conocido debía llevar la corona de Inglaterra, y desfilaron ante su trono, jurándole fidelidad. Merlín, pensando que Arturo ya no le necesitaba, se retiró a su morada.
A rturo le explicó lo ocurrido. Kay vio la inscripción de "Excalibur" en la espada y se lo hizo saber a su padre. Éste ordenó a Arturo que la volviera a colocar en su lugar. Todos los nobles intentaron sacarla de nuevo, pero ninguno lo consiguió. Entonces Arturo tomó la empuñadura entre sus manos. Sobre su cabeza volvió a descender un rayo de luz blanca y Arturo extrajo la espada sin el menor esfuerzo.
C uando ya se aproximaba la hora, Arturo se dio cuenta de que había olvidado la espada de Kay en la posada. Salió corriendo a toda velocidad, pero cuando llegó allí, la puerta estaba cerrada.
A rturo no sabía qué hacer. Sin espada, Kay no podría participar en el torneo. En su desesperación, miró alrededor y descubrió la espada Excalibur. Acercándose a la roca, tiró del arma. En ese momento un rayo de luz blanca descendió sobre él y Arturo extrajo la espada sin encontrar la menor resistencia. Corrió ... (ver texto completo)
Los años fueron pasando y el rey Uther murió sin que nadie le conociera descendencia. Los nobles acudieron a Merlín para encontrar al monarca sucesor. Merlín hizo aparecer sobre una roca una espada firmemente clavada a un yunque de hierro, con una leyenda que decía:
"Esta es la espada Excalibur. Quien consiga sacarla de este yunque, será rey de Inglaterra"
L os nobles probaron fortuna pero, a pesar de todos sus esfuerzos, no consiguieron mover la espada ni un milímetro. Arturo y Kay, que eran ... (ver texto completo)
Cada día Merlín explicaba al pequeño Arturo todas las ciencias conocidas y, como era mago, incluso le enseñaba algunas cosas de las ciencias del futuro y ciertas fórmulas mágicas.
La madre del niño murió al poco de nacer éste, y el padre se lo entregó al mago Merlín con el fin de que lo educara. El mago Merlín decidió llevar al pequeño al castillo de un noble, quien, además, tenía un hijo de corta edad llamado Kay. Para garantizar la seguridad del príncipe Arturo, Merlín no descubrió sus orígenes.
Merlín el mago

Hace muchos años, cuando Inglaterra no era más que un puñado de reinos que batallaban entre sí, vino al mundo Arturo, hijo del rey Uther.
Al paso que vamos podemos ir preparándonos para unas terceras elecciones... Y aún no he podido entender cómo el de "los noes" del PSOE pudo decir "Si" a su mujer... Será que le ha ido tan mal que prometió desde entonces no volverlo a pronunciar? Esta mañana la prensa lo pone fino, pero él, erre que erre: No a Rajoy, no a Rajoy, no a Rajoy... ¡Vaya verano nos espera!
¿Hoy en día funciona la escuela?
Disfruto en las fiestas
Pasado un buen rato, se acercó un zorro al barril y comenzó a husmearlo. Saqué lentamente mi mano por el agujero de la tapa y, cuando me pareció el momento adecuado, atrapé al zorro por la cola. El zorro, como os podéis figurar, se asustó y echó a correr. Pero yo no lo soltaba. Así que tuvo que arrastrarme por medio bosque, hasta que el barril chocó con una gruesa cepa, se hizo pedazos y quedé libre, sin desprenderme un momento de la cola del zorro. No se me ocurrió cosa mejor que darle un golpe enérgico detrás de las orejas y llevarlo a casa.

Desde aquella ocasión me llaman Martín el Zorro. ... (ver texto completo)
Mandé al perro a que llevase a casa el botín y me interné en otro camino. De pronto, salió de una casa un perro furioso que intentó echárseme encima. ¡Qué susto! La escopeta no estaba cargada, balas no tenía, ya no me quedaban clavos ni liebres a mano. Me incliné, cogí la primera piedra que encontré y se la arrojé a la boca. Debéis saber, de todos modos, que aquella piedra era, por casualidad, un pedernal. Al dar contra los dientes del perro, soltó chispas y en un instante el animal quedó envuelto ... (ver texto completo)