Dijo entonces el anciano Rey:
-Así muero tranquilo y en paz -y prosiguió-. Cuando yo haya muerto enséñale todo el
palacio, todos los aposentos, los
salones, los soterrados y los tesoros guardados en ellos. Pero guárdate de mostrarle la última cámara de la galería larga, donde se halla el retrato de la princesa del
Tejado de Oro, pues si lo viera, se enamoraría perdidamente de ella, perdería el sentido, y por su causa se expondría a grandes peligros; así que guárdalo de ello.