La leyenda del rey Pwyll

Mabinogi se denominaba cada una de las leyendas galesas que todo juglar debía aprender. Una de estas reliquias de la memoria mitológica era la historia del rey Pwyll, parte de la cual cuento aquí en una adaptación libre y personal, para que forme parte del cada vez más rico acervo de ELFOS:
Preparados para caminar por el foro esta temporada?
seguro que sí.
Fuente: http://www. aragonesasi. com/elfos/01/vigilant. htm
Al cabo de un tiempo, por un extremo del bosque de Carterbaugh, salieron un hombre y una mujer. Caminaban a duras penas, apoyándose el uno en la otra, en dirección al castillo cercano, cuando una tropa de soldados les dio el alto. Los hombres armados tardaron más de diez minutos en convencerse de que aquella joven vestida con harapos, de rostro demacrado, ojos enrojecidos, mechones blancos en el cabello y mirada demente, decía la verdad cuando se presentó como la Princesa Juana. Al cabo de muchos ... (ver texto completo)
El caballo negro se encabritó una vez más, una llamarada verde iluminó los ojos de la Reina élfica, y los árboles parecieron abrirse como una cortina que engulló a la oscura aparición.
-Está bien, lo habéis conseguido. Habéis logrado vencer a la Reina de los Elfos. He cometido un error que nunca volveré a cometer: he infravalorado tu valor, el valor de una mujer humana. La vergüenza y el orgullo herido son ahora mi penitencia, por encima de mi odio y mi afán de venganza. Pero huid, rápido, marchad lejos de aquí. El deseo de volver a encontraros dentro de mis dominios mantendrá mi ira encendida, y si tal ocurre, si volvemos a encontrarnos, creedme que no se habrá visto hasta entonces una venganza igual ni en este mundo ni en los otros. ... (ver texto completo)
Entonces, un viento de tempestad se levantó al instante, el aire se puso a silbar como mil serpientes al unísono, y las copas de los árboles se azotaron unas a otras, provocando un estruendo enorme, a la par que los rayos chasqueaban sobre ellos y los truenos retumbaban ensordecedores. Como surgido de la misma noche, un enorme potro negro pareció volar hasta donde estaban la princesa y el vigilante. Los belfos de la bestia lanzaban espumarrajos, sus relinchos destrozaban los tímpanos y sus cascos ... (ver texto completo)
Haciendo acopio de valor, Juana salió de su escondite y se dirigió con paso decidido hacia el corcel blanco. Tuvo que esquivar a varios caballos, y ninguno de los jinetes parecía ver lo que sucedía delante de él. Tampoco Tam la miró cuando se puso a andar a su lado, antes de coger las riendas. Luego tiró de la brida y el animal, piafando nervioso, se detuvo. Tam parpadeó un momento, como si despertara de un sueño, levantó la pierna contraria por encima del lomo del caballo, y se deslizó a este lado ... (ver texto completo)
Afortunadamente, un caballero se adelantó unos pasos colocándose entre ella y la reina, y siguieron su camino. Detrás, el grupo estaba formado por una veintena de elfos y elfas, se oían canciones lejanas y música de laúd y arpa. Pero Juana observó con gran extrañeza que las pisadas de los cascos de los enormes caballos, todos negros, no hacían ningún ruido. Al cabo de un rato que a la muchacha le pareció muy breve, apareció el segundo grupo de jinetes, con los caballos animados en un lento trotecillo. ... (ver texto completo)
No pudo saber cuánto tiempo pasó. Un ruido como de hojas arrastradas por el viento la sacó de su ensimismamiento. Por el camino de su izquierda los árboles parecían moverse. Unas sombras se fueron haciendo cada vez más consistentes. Alguien vestido de un blanco deslumbrante, visible aún en medio de la negrura de la noche, como una fosforescencia venida de otros mundos, apareció ante sus ojos. Se trataba de la imponente figura de la Reina de los Elfos, ataviada con gasas de suaves colores luminiscentes, ... (ver texto completo)
Dicho esto, echó a correr y desapareció entre los árboles enseguida. La princesa se dio cuenta entonces de que la noche ya se había cerrado sobre el bosque, oscuridad sobre oscuridad, y se apresuró a buscar el camino que la conduciría a la encrucijada. No fue muy difícil, después de unos instantes de aturdimiento. El estrecho sendero pelado, sin hierba, resaltaba por su claridad sobre el resto de la maleza, y lo siguió, hasta llegar enseguida a otro lugar abierto, donde confluían los demás caminos. ... (ver texto completo)
-Y ahora debo marcharme. Confío en Vos, mi Señora, si algo saliera mal, con mi vida defenderé la vuestra, no lo dudéis. Y cuando salgamos de aquí, os lo juro por la memoria de mi padre y por esta su espada, seré vuestro esclavo y vuestro paladín.
La princesa asentía continuamente, y trataba de dibujar una débil sonrisa que ocultara el temor que sentía en ese momento. Se levantaron y esta vez fue Tam el que cogió su mano y la acercó a sus labios:
Como os decía antes, esta noche la Reina y su Corte de Elfos pasarán por la encrucijada que hay en el centro del bosque. Irán de camino hacia el castillo en ruinas, donde acude todo el Pueblo de las Hadas a celebrar el Solsticio. Deberéis estar allí, en el cruce mismo, escondida. Veréis a la Reina en cabeza, montada en su caballo y seguida de cerca por un grupo de jinetes. Detrás marchará otro grupo que dejaréis pasar. Por último, yo cabalgaré con los del tercer grupo. Me reconoceréis por mi montura, ... (ver texto completo)
La joven tan sólo pudo asentir con la cabeza, notaba un nudo en el estómago, la lengua paralizada y la boca seca.