Jolines, parece que fue ayer cuando Zafra escribió esta poesía y ya han pasado diez años.... ¡Pasa el tiempo que vuela, señores!
Mirad qué salaos están aquí Mari Carmen y Pablito. Seguro que ya estaban preparados para lo que venía después. Son una pareja que disfrutan como enanos. Besos para los dos.
Supongo que estas son las gallinas que Rosa tiene en su gallinero; las que le dan unos huevos de muerte!
Mirad qué bonita estaba Mari Carmen subida en las andas!
Muchas de las niñas alconcheleras, desde hace años, fueron subidas en las andas para la foto, por algún familiar o vecino. No fue este mi caso pues cuando yo llegué a Alconchel desde Rada ya tenía seis años y a esa edad, ya no "se lleva" eso de subir a las andas. ¡Ya éramos mayores!
Buenos días alconcheleros y foreros todos.

Al actor Dani Rovira, de Ocho apellidos vascos, después de leer lo que a continuación "pego", le diría lo siguiente si lo tuviese delante. A ver, chavalín, si te avergUenzas de ser español, ve y pide la nacionalidad coreana, pues allí las corridas de toros no son algo que se conozca mucho. Te nacionalizas y te quedas por un tiempo o para siempre. Yo no te vo a echar de menos, pavo!.

"ACTORES CONTRA EL ESTADO
Dani Rovira asegura ‘sentir vergüenza’ ... (ver texto completo)
Cuento clásico, referido por los Hermanos Grimm / Alemania.
Desde entonces, los ladrones no se atrevieron a volver nunca más a la casa.
En cambio a los cuatro amigos, el asno, el perro, el gato y el gallo, les gustó tanto que decidieron instalarse en ella y vivir juntos hasta el fin de sus días.
Y todavía todo el mundo los recuerda como los Músicos de Bremen.
— He visto en la casa a una bruja repugnante que me arañó la cara con sus largas uñas; detrás de una puerta me atacó un hombre con un cuchillo y me hirió en la pierna; al llegar al patio, un monstruo negro como el carbón me golpeó con un mazo mientras arriba, en lo alto del tejado, la voz del juez gritaba: « ¡Traédmelo aquí!». No sé ni cómo he podido llegar.
El ladrón corrió con todas sus fuerzas y llegó al bosque casi sin aliento. Allí contó lo sucedido:
El ladrón, horrorizado, echó a correr hacia la puerta trasera, pero allí despertó al perro, que saltó sobre él y le mordió en la pierna. Salió entonces al patio y tropezó con el asno, que, asustado, le propinó una buena coz. El gallo, con tanto ruido, se despertó y comenzó a gritar: ¡Quiquiriquí!
Pasada la medianoche, y al ver los ladrones desde lejos que ya no había luz en la casa, el jefe de la banda dijo:
— No deberíamos habernos asustado tanto -Y mandó a uno a inspeccionar la casa.
Cuando llegó y vio que todo estaba en completo silencio, entró en la cocina con la intención de encender una vela. Al ver los ojos relucientes del gato pensó que era algún rescoldo de carbón que seguía encendido y acercó la mecha para encenderla. Pero el gato, que no estaba para bromas, le saltó a la cara ... (ver texto completo)
Los cuatro amigos se sentaron a la mesa y comieron y comieron como para ayunar durante un mes. Cuando terminaron, apagaron las luces y buscaron acomodo para dormir cada uno a su aire y conforme a su naturaleza. El asno se echó en el patio sobre un montón de paja, el perro detrás de la puerta, el gato junto al fogón de la cocina y el gallo en una percha, y como estaban muy cansados del largo camino se echaron a dormir.
Se pusieron a deliberar sobre el modo de librarse de los ladrones, cosa nada fácil, pero encontraron la solución. El asno debía colocar sus patas delanteras sobre la ventana, el perro saltaría sobre el lomo del asno, el gato sobre el perro y finalmente el gallo levantaría el vuelo y se posaría en la cabeza del gato. Luego, una vez colocados cada uno en su sitio, el asno haría una señal y comenzarían a cantar a coro. Y así, el asno rebuznando, el perro ladrando, el gato maullando y el gallo cacareando, ... (ver texto completo)
El perro, por su parte, pensó que quizá allí conseguiría unos huesos y un poco de carne. Se pusieron en camino guiados por aquella luz que cada vez se hacía mayor hasta que se encontraron ante una casa que no era otra cosa que la guarida de unos ladrones. El asno, que era el más alto de todos, se acercó a la ventana y echó un vistazo al interior.
— ¿Qué es lo que ves? -preguntó el gallo.
— ¿Que qué veo? -contestó el asno-. Veo una mesa repleta de exquisitos manjares y bebidas y, alrededor de ella, ... (ver texto completo)
El gallo aceptó encantado y los cuatro prosiguieron su camino. Pero como no podían llegar a Bremen en un día, al caer el sol se detuvieron en un bosque y decidieron pasar allí la noche. El asno y el perro se echaron bajo un árbol, y el gato y el gallo se subieron a las ramas. El gallo prefirió instalarse en la copa, pensando que allí estaría más seguro. Antes de dormirse, miró a los cuatro vientos y le pareció divisar, no muy lejos, una pequeña luz. Llamó a sus amigos, cacareándoles que podría ser ... (ver texto completo)