Inmediatamente se rompió el encantamiento y los dos patitos volvieron a ser el príncipe Pepe y la princesa Pepa, y el pequeño pájaro se convirtió nuevamente en el sirviente.
• ¡Aaaahhh!. El grito de Pomperiposa era el más espantoso que se podía oir.
Los dos príncipes que entendieron el mensaje indicaron a la bruja que mojase su nariz en el lago para refrescársela. Una de las veces que tenía su nariz dentro del agua pasó un cangrejo que llevaba varios días sin comer y viendo esa suculenta nariz la enganchó fuertemente con sus enormes tenazas.
• ¡Por fin he encontrado la solución para acabar con los hechizos de Pomperiposa! - gritaba a lo lejos la cigüeña que llevaba un gran libro en su pico. - ¡Solamente el grito más horroroso de la tierra acabaría con su hechizo ¡- explicaba la cigüeña.
En ese momento volvió a crecer otro trocito la nariz de la malvada bruja.
• Pío, pío... – dijo el sirviente pájaro saltando.
Pomperiposa estaba cerca del lago acariciándose su gran nariz. Al girarse observó que el sirviente de los príncipes se acercaba con una gran espada y ella reaccionó rápidamente convirtiéndole en un pájaro.
• Ahora iréis a nadar patitos míos – dijo Pomperiposa. Y los condujo al lago con su gran bastón.
Los pájaros que observaron todo fueron a buscar a la cigüeña, que es el pájaro más inteligente de todos los pájaros porque cada invierno va a Egipto a estudiar los jeroglíficos de las pirámides para que los aconsejara.
• Entrad, entrad- dijo. Yo soy vuestra hada. Os haré unos dulces con mermelada. El príncipe Pepe y la princesa Pepa la creyeron aunque sentían algo de miedo.
• Mmmmm- dijo Pomperiposa mientras les miraba.
• No he comido patos hace mucho tiempo. – al acabar de decir esto la bruja convirtió a los dos príncipes en dos patos pequeños y blancos.
• Uiii- dijo la bruja – la nariz me ha vuelto a crecer.
Pomperiposa, que les observaba desde la ventana sacó su enorme nariz de la casa y les miró.
Al encontrarse la casa de Pomperiposa se sorprendieron al verla formada de chorizos, jamones y bombones.
Como iban por el mismo bosque de la malvada Pomperiposa, los pájaros, conocedores del peligro que corrían, dejaron sus cantos y empezaron a avisar a los niños para que no continuasen su camino. Pero ellos no hicieron caso, preferían pasar una aventura, el castillo era demasiado aburrido.
Pero claro, los dos niños no entendían de normas y continuaron su caminata alejándose cada vez más del castillo.
• ¡Oh, he de ir al castillo a ponerme unas botas!, les dijo el sirviente. Antes de marchar les indicó a los príncipes que no se moviesen de ese lugar hasta que el volviese.