¡Alegres
fiestas¡
Como un racimo de uva, juntos y apretados sus granos, aparecen a la vista las
casas de mi
pueblo. Sus paredes blancas, encaladas tal vez ayer, llenan de contraste el mediodia caluroso entre el verdor de sus viñedos.
Junto a él, tranquilo y señor, bello y limpio, el Taray, majestuoso, lame suavemente con sus
aguas las pestañas de los meseños.
Un
molino de viento derruido, enclavado en una loma suave, hace
sombra perenne a aquellos caminantes que, desde su atalaya, quieren contemplar
... (ver texto completo)