DÍA QUINTO
Señor y Dios mío, yo indigno hijo vuestro, me postro delante de vuestra presencia, y os presento aquella
santa y suma pobreza con que vivió el glorioso
San Ramón No-nacido, suplicándoos de todo mi corazón, que por los merecimientos que adquirió vuestro
Santo con el ejercicio de tan grande virtud, queráis purificar este mi corazón, comunicándome una verdadera pobreza y desnudez de espíritu, con la cual esté mi alma totalmente despegada de todo lo transitorio, y unida con el amor Divino.
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