Al verse desechado, José buscó
refugio en
casa de un familiar suyo que era rico, pero él declaró que este
joven "no era bueno para nada", y lo echó a la
calle. Se vio entonces obligado a volver a la miseria y al desprecio de su casa. La mamá no sintió ni el menor placer al ver regresar a semejante "inútil", y para deshacerse de él le rogó insistentemente a un pariente que era franciscano, para que lo recibieran al muchacho como mandadero en el
convento de los padres franciscanos.-