Como la opresión del pecho no cesaba, se acostó en el sofá. Temiendo por su vida, se mandó aviso -no obstante lo avanzado de la hora- a algunos amigos. A toda prisa vinieron el secretario de la ciudad, Juan Albrecht, con su mujer y con dos médicos; poco después, el conde Alberto con su esposa, y el conde y la condesa de Schwarzburg. Esta última tuvo la precaución de traer ungüentos y otras medicinas, con las que pensaba poder aliviarlo y fortalecerlo. Jonas y Coelius, acercándose a la cabecera, le ... (ver texto completo)