Uno de los mayores miedos de nuestros mayores era la visita de la zorra por las noches. En el pueblo no era raro despertarse por la mañana y encontrarse con que dicho animal se había llevado alguna gallina o hubiera matado a todo el gallinero. Las comadrejas no se atrevían a entrar por los gallos, pero para las zorras no eran rival. Cuando ocurría una desgracia como esa se desataba la solidaridad entre los vecinos y parientes. Los allegados a la víctima le regalaban una o dos gallinas para que pudiera ... (ver texto completo)