Reflexión de día 08-04-26
LA MUERTE
Cuentan que el rey Felipe II de Austria, y rey de España tuvo la curiosidad de ver la ceremonia pontifical que le iba hace la comunidad religiosa del Escorial cuando se muriese.
Querer ver nuestras exequias
Los agustinos fueron los que llevaron a cabo esta misa pontifical de su muerte, y estando en el Monasterio del Escorial se celebró la ceremonia de cuerpo presente y el la contemplo y la vio desde sus aposentos donde tenia una ventana que daba a la iglesia conventual y que desde allí solía oír la santa misa.
Quizás muchos de nosotros hayamos pensado en lo mismo o por lo menos podernos ver por última vez metidos nuestro cuerpo en la caja, y sin haberlo retocado sino a lo natural, porque en nuestra cara se reflejaría más auténtico el rosto de la muerte.
La muerte la deberíamos ver como una cosa natural que nos ha de pasar y que todos hemos de llegar a ese final del camino, como una cosa natural y que a todos nos debe pasa, pero cuando estamos en edad juvenil y con fuerzas creemos que no nos puede llegar la muerte, pero esta es una señora que no avisa y en los momentos menos inesperados se presenta.
A uno se los lleva de niños, a otros en plena adolescencia, a otros en plena juventud, a otros en la edad de la virilidad y a otros en un accidente y a otros en su ancianidad, y es que todos traemos los días contados y como Dice el “poeta, aunque cien años contemos se juntan en los extremos el nacer con el morir” (Fray Luis de León)
También pensamos que no es igual morir en tu cama rodeado de tu familia que morir solo en una lujosa habitación de hospital, pero también hay sitios peores para perder la vida como son los campos de refugiados o en los campos de batalla, y aquí se platea el gran problema donde irán esas almas que mueren a la vez y combatiendo y sus cuerpos quedan destrozados en los caminos, también pensamos en esas criaturas que mueren de hambre por falta de víveres y lo duro que tiene que ser para unas madres ver que sus hijos se muere en estas circunstancias, cabe preguntarse dónde van estas almas después de muertos luchando en varios bandos, y cada uno por sus causa. Esto se escapa a la razón. Que aquí hayan sido enemigos y en la otra vida sean bien aventurados.
Del poeta de Belmonte
LA MUERTE
Cuentan que el rey Felipe II de Austria, y rey de España tuvo la curiosidad de ver la ceremonia pontifical que le iba hace la comunidad religiosa del Escorial cuando se muriese.
Querer ver nuestras exequias
Los agustinos fueron los que llevaron a cabo esta misa pontifical de su muerte, y estando en el Monasterio del Escorial se celebró la ceremonia de cuerpo presente y el la contemplo y la vio desde sus aposentos donde tenia una ventana que daba a la iglesia conventual y que desde allí solía oír la santa misa.
Quizás muchos de nosotros hayamos pensado en lo mismo o por lo menos podernos ver por última vez metidos nuestro cuerpo en la caja, y sin haberlo retocado sino a lo natural, porque en nuestra cara se reflejaría más auténtico el rosto de la muerte.
La muerte la deberíamos ver como una cosa natural que nos ha de pasar y que todos hemos de llegar a ese final del camino, como una cosa natural y que a todos nos debe pasa, pero cuando estamos en edad juvenil y con fuerzas creemos que no nos puede llegar la muerte, pero esta es una señora que no avisa y en los momentos menos inesperados se presenta.
A uno se los lleva de niños, a otros en plena adolescencia, a otros en plena juventud, a otros en la edad de la virilidad y a otros en un accidente y a otros en su ancianidad, y es que todos traemos los días contados y como Dice el “poeta, aunque cien años contemos se juntan en los extremos el nacer con el morir” (Fray Luis de León)
También pensamos que no es igual morir en tu cama rodeado de tu familia que morir solo en una lujosa habitación de hospital, pero también hay sitios peores para perder la vida como son los campos de refugiados o en los campos de batalla, y aquí se platea el gran problema donde irán esas almas que mueren a la vez y combatiendo y sus cuerpos quedan destrozados en los caminos, también pensamos en esas criaturas que mueren de hambre por falta de víveres y lo duro que tiene que ser para unas madres ver que sus hijos se muere en estas circunstancias, cabe preguntarse dónde van estas almas después de muertos luchando en varios bandos, y cada uno por sus causa. Esto se escapa a la razón. Que aquí hayan sido enemigos y en la otra vida sean bien aventurados.
Del poeta de Belmonte