A la salud
La salud es un regalo Que la naturaleza da Valorarlo y cuidarlo Es tu mejor hacienda.
Punto primero es nacer Sin tocar mal tu cerebro Porque pueden estropear Y parar algún miembro.
Llegar y ser deseado Por el amor de tus padres Sentirse acariciado Y envuelto en pañales.
No hagas ningún exceso Suele pasarte factura Del amigo el consejo Para vivir en ventura.
Del poeta de Belmonte 29.07.2015
La salud es un regalo Que la naturaleza da Valorarlo y cuidarlo Es tu mejor hacienda.
Punto primero es nacer Sin tocar mal tu cerebro Porque pueden estropear Y parar algún miembro.
Llegar y ser deseado Por el amor de tus padres Sentirse acariciado Y envuelto en pañales.
No hagas ningún exceso Suele pasarte factura Del amigo el consejo Para vivir en ventura.
Del poeta de Belmonte 29.07.2015
Buenas tardes amigos Agustin y familia.
Austin, aquí pego esta ocurrrencia que me ha enviado un amigo.
Que disfrutes de esta soleada tarde.
Un abrazo.
Paco.
LOS PADRES DE ANTES.
Un padre de antes aprovechaba el semáforo rojo, al que él llamaba "el disco", para abrir la ventanilla y vaciar el cenicero.
Un padre de antes lavaba el coche en la puerta de su casa con un cubo de agua con un chorreón de Mistol y una esponja gorda.
Un padre de antes no usaba el intermitente, sacaba el brazo hasta la axila por la ventanilla y señalizaba la maniobra. Y cuando daba marcha atrás giraba el cuello como un búho real para mirar a través de la luna trasera. Porque un padre de antes iba de frente.
Un padre de antes empezaba a meter trastos en el coche a las cinco de la mañana. Y organizaba el maletero como un rompecabezas. Luego tiraba de baca, y de pulpos de goma. Para sujetar las maletas.
Un padre de antes era un puto estratega porque hizo una mili gorda. Y eso se notaba.
Un padre de antes mojaba dos toallas y las ponía en las ventanillas de atrás para dar fresquito en el habitáculo, para que su familia viajara más cómoda.
Un padre de antes, aprovechaba el semáforo para quitar el vaho de los cristales con la mano o con el codo, echándole antes el aliento.
Un padre de antes, sabía sacar la gasolina del depósito metiendo una goma que hiciese de chupete y después echando un escupitajo fuerte.
Un padre de antes sabía cómo estaban los amortiguadores, sentándose y levantándose en las cuatro esquinas del coche.
Un padre de antes, aparcaba el coche, y a última hora de la tarde bajaba y se daba una vuelta con él porque era uno más de la familia.
Un padre de antes levantaba el capó y apretaba con las manos los bornes de la batería, y después sacaba la varilla del depósito del aceite y miraba si estaba bien de nivel.
Un padre de antes cuando entraba en Despeñaperros, decía: ya estamos en Andalucía.
Un padre de antes tiraba de claxon cuando se cruzaba con un coche que llevaba la matricula de su provincia.
Un padre de antes cuando iban en el coche uno más de los permitidos, les decía agachar la cabeza un momento que está la Guardia Civil.
Un padre de antes, cuando llevaba cierto tiempo conduciendo, paraba detrás de unos árboles para estirar las piernas y aprovechar para mear, con una mano en la cadera y mirando el tendido.
Un padre de antes, cuando hacía calor dentro del coche, bajaba la ventanilla con la manivela, apoyaba el codo en la ventanilla y sacaba la cajetilla de Ducados, se desabrochaba el botón de la camisa y a tomar por culo, cala va y cala viene.
Un padre de antes iba peinado a raya o era calvo.
Un padre de antes tenía sentido común y dignidad.
Un padre de antes no llevaba tatuajes ni pendientes como ahora que los llevan hasta en el culo.
Austin, aquí pego esta ocurrrencia que me ha enviado un amigo.
Que disfrutes de esta soleada tarde.
Un abrazo.
Paco.
LOS PADRES DE ANTES.
Un padre de antes aprovechaba el semáforo rojo, al que él llamaba "el disco", para abrir la ventanilla y vaciar el cenicero.
Un padre de antes lavaba el coche en la puerta de su casa con un cubo de agua con un chorreón de Mistol y una esponja gorda.
Un padre de antes no usaba el intermitente, sacaba el brazo hasta la axila por la ventanilla y señalizaba la maniobra. Y cuando daba marcha atrás giraba el cuello como un búho real para mirar a través de la luna trasera. Porque un padre de antes iba de frente.
Un padre de antes empezaba a meter trastos en el coche a las cinco de la mañana. Y organizaba el maletero como un rompecabezas. Luego tiraba de baca, y de pulpos de goma. Para sujetar las maletas.
Un padre de antes era un puto estratega porque hizo una mili gorda. Y eso se notaba.
Un padre de antes mojaba dos toallas y las ponía en las ventanillas de atrás para dar fresquito en el habitáculo, para que su familia viajara más cómoda.
Un padre de antes, aprovechaba el semáforo para quitar el vaho de los cristales con la mano o con el codo, echándole antes el aliento.
Un padre de antes, sabía sacar la gasolina del depósito metiendo una goma que hiciese de chupete y después echando un escupitajo fuerte.
Un padre de antes sabía cómo estaban los amortiguadores, sentándose y levantándose en las cuatro esquinas del coche.
Un padre de antes, aparcaba el coche, y a última hora de la tarde bajaba y se daba una vuelta con él porque era uno más de la familia.
Un padre de antes levantaba el capó y apretaba con las manos los bornes de la batería, y después sacaba la varilla del depósito del aceite y miraba si estaba bien de nivel.
Un padre de antes cuando entraba en Despeñaperros, decía: ya estamos en Andalucía.
Un padre de antes tiraba de claxon cuando se cruzaba con un coche que llevaba la matricula de su provincia.
Un padre de antes cuando iban en el coche uno más de los permitidos, les decía agachar la cabeza un momento que está la Guardia Civil.
Un padre de antes, cuando llevaba cierto tiempo conduciendo, paraba detrás de unos árboles para estirar las piernas y aprovechar para mear, con una mano en la cadera y mirando el tendido.
Un padre de antes, cuando hacía calor dentro del coche, bajaba la ventanilla con la manivela, apoyaba el codo en la ventanilla y sacaba la cajetilla de Ducados, se desabrochaba el botón de la camisa y a tomar por culo, cala va y cala viene.
Un padre de antes iba peinado a raya o era calvo.
Un padre de antes tenía sentido común y dignidad.
Un padre de antes no llevaba tatuajes ni pendientes como ahora que los llevan hasta en el culo.