BELMONTE: Hola Agustin. Voy a enviarte este artículo y veo que...

Título: las dos velas.

Era una mañana del mes de octubre de cierto año cuando un autocar se dirigía a Zaragoza con buena gente que iba con la ilusión de homenajear a la VIRGEN DE PILAR, no en vano era el 12 de OCTUBRE.

En aquel autocar iban muchos jóvenes y se notaba cierto calor humano, porque eso es lo que tienen los grandes IDEALES que enfervorizan a la gente, y suelen germinar muchas cosas buenas cuando hay un interés reciproco.

No esta la cosecha en la mano del sembrador, este lo único que hace es cumplir con su cometido que es tirar la semilla a boleo, y es todo un arte para que la siembra no salga rayada, sino que nazca pareja por todos los sitio por igual. (de esto un servidor da fe porque lo ha hecho, por oficio)

Se dio el caso que una moza de las que iban en el autocar por motivos todavía no sabidos tuvo que ir a visitar a unos conocidos, y encargo a uno de los muchachos que iba en el autocar a poner dos VELAS a la Virgen del Pilar.

Que cosa tan sorpréndete el muchacho voluntarioso se presto a llevar las dos VELAS a la Virgen del Pilar, y cuando iba de camino a la BASÍLICA se hizo mil y una preguntas, y más cuando tuvo que guardar la tanda, pues había una cola de gente esperando de aquí te espero.

Entre las preguntas que se hizo, se dijo vaya ¿MORRO QUE TIENE LA CHICA ESTA? Pero como le tenia un gran afecto se dijo, habrá hecho alguna promesa la muchacha, como es tan despierta, y ahora le habrá salido el compromiso de ir a visitar algún conocido, JA, JA, JA.

Señor que es la MEMORIA, porque siempre me han dicho que la tenia buena y si así fuera a ti te lo debo Señor, como muchas cosas que has ido descubriéndome a lo largo de la la vida, gracias te doy por ello.

Que mal administre los talentos que tu mediste.

Pero cual fue la sorpresa de este joven cuando le toco el turno de entregar las velas a los señores que estaban en el Candelero, pues fue visto y no visto porque las encendieron y las apagaron y esto es lo que había. De misterio, para mi todo un negocio, pero es la INTENCIÓN LO QUE CUENTA. JA, JA, JA, ENGA, Enga, YA, QUE ME CONFUNDISTES CON EL DE LA BOINA, nenita.

Amor envero

El lucero madrugador del alba
En la aurora ha cambiado su oficio
Y quiere darte todo su beneficio
Por la belleza que oculta tu alcoba.

Mocita eres con tus veinte abriles
No juegues con mi sentimiento
Que la flor se deshoja con el viento
Y tus caprichos se tornaran hieles.

Has de pensar que tu negro pelo
El tiempo lo volverá blanco nieve
Que la naturaleza a esto se atreve
Y el agua con el frío se vuelve hielo.

Bajo tu reja mi rabel yo pulsare
Arrancando un Beso y un te quiero
deseando gozar de tu fruto envero
Y te juro que eternamente te amaré.

10-09-23

Hola Agustin. Voy a enviarte este artículo y veo que tengo dos mensajes tuyos sin leer. Bueno, ya será después de la película cuando los lea, y a ver si me da tiempo a contestarte.

Iba a cerrar ya para ir a cenar y he visto este artículo.
Te lo pego por si quieres y te apetece echarle un vistazo.
Hasta después.

10/09/2023
El origen del Mal
José María Nieto Vigil.- Toda causa tiene su efecto (consecuencia); todo efecto es causa, a su vez, de otro efecto. No existe causa incausada, salvo Dios, causa de todo sin causa previa y, por descontado, causa de todo los efectos. Parto de esta reflexión tomista –de Santo Tomás de Aquino-, para establecer la cadena de causas que han generado el tinglado en el que nos encontramos, comiéndolo y bebiéndonoslo los españoles, por mor del ejercicio del derecho de voto que nos garantiza nuestro Estado social y democrático de derecho. Así pues, lo que está acaeciendo en nuestra Patria –con mayúscula-, es consecuencia (efecto) de nuestras personales, individuales e intransferibles decisiones derivadas del derecho a decidir. No hay otro agente moral más que nosotros mismos, a nivel singular y social o grupal, que pueda explicar el borde del precipicio al que hemos llegado. Somos autores de nuestros actos, de los que siempre derivan consecuencias, en este caso perniciosas, perjudiciales, nocivas y absolutamente contraproducentes.
Cuando acudimos, o no, a depositar nuestra papeleta en las urnas, debemos ser conscientes de la altísima responsabilidad y enorme compromiso que, en ese instante, estamos adquiriendo con nuestra Patria –con mayúscula-, con nuestro pueblo y, sin la menor duda, con nosotros mismos. La soberanía reside en el pueblo, es decir, corresponde a todos los españoles. De este principio derivan todos los poderes del estado: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Por tanto, es la causa de los efectos mencionados. Votar no es un juego sin sentido, cobra una dimensión fundamental generando efectos deseables, o indeseables, como son las circunstancias en las que nos hayamos.
Sin embargo, pese a la responsabilidad y el compromiso ejercido, el pueblo español no es más que el primer responsable con sus elecciones efectuadas. A partir de aquí –antes incluso- entran en juego los intereses partidistas de las diversas formaciones políticas proclamadas como representantes y, por tanto, depositarias de la soberanía popular en ellas confiada. Los electores deberían asumir este deber y la obligación del derecho disfrutado. Se convierten en causa de la configuración del poder legislativo, inspirador del poder ejecutivo y del judicial. Los segundos autores morales del pifostio nacional que nos azota son, a todas luces, los partidos políticos con sus respectivos programas, principios, voluntades de poder y líderes y escuderos designados. Y ellos, consecuencia de todo lo anterior, son la causa de los desvaríos, delirios y disparates con los que nos desayunamos cada jornada.
Pero sigamos avanzando en la cadena de causas y efectos. Las formaciones aclamadas en las urnas, una vez configurado el poder legislativo, inician una ronda de negociaciones y contactos para formar el poder ejecutivo, es decir, para configurar el gobierno del todavía Reino de España. Designan interlocutores, jefes de filas y líder aspirante a tales menesteres que, sin ser ninguna broma de mal gusto, tienen en sus manos el porvenir de España y el futuro de los españoles. Por esto precisamente hay que ser muy consciente, sensato y formal a la hora de escoger colores, siglas y programas. Hacerlo de manera ligera y superficial nos lleva a tener representantes insensatos, irresponsables e informales, muchos de ellos conscientes, otros plenamente consecuentes con lo que defienden, plantean y defienden en las diferentes mesas de diálogo y negociaciones abiertas. Así, llegamos al tercer nivel de autoría moral del drama político existencial que nos está diezmando en nuestros presupuestos de credibilidad, fiabilidad, veracidad y confiabilidad como estado, como nación, como país y como Patria –con mayúscula-. Para mí la Patria supera el sentido de nación, estado o, despectivamente, de país.
Elegidos nuestros próceres patrios en sus respectivos escaños, sus señorías se convierten en súbditos de sus respectivos virreyes (líderes) que se disputan el Reino de España, vendiéndose al mejor postor que les permita encumbrarse como jefe de gobierno acompañado de su mesnada (Consejo de Ministros) al jefe de filas correspondiente. En este reducido grupo –auténtica casta-, se toman decisiones, supuestamente amparadas por las leyes aprobadas en el Parlamento, aunque sea por la puerta de atrás, sin luz, menos aún taquígrafos, con las que operar y cumplir con los pactos y acuerdos de investidura. Y en España somos muy desgraciados, pues nuestros destinos están en manos de políticos sin escrúpulos para lo malo y, por el contrario, con demasiados reparos para lo bueno, en el sentido colectivo y común, por descontado. Nuestra casta política y nuestros ilustres dignatarios son una autentica plaga de proporciones bíblicas, causante de tantos duelos y quebrantos, de tanto desatino y desvarío.
Profanada la división de poderes desde el ejecutivo, que también desluce al poder legislativo, el supuesto estado social y de derecho estalla por los aires. Consecuencia: chantajes de las minorías, secuestro del poder ejecutivo, presidencialismo, desdoro y violación del poder judicial, burla al Jefe del Estado –el rey-, deshonra del pueblo español, política de trueques y refriegas, indulto a los delincuentes y así, un larguísimo etcétera que define a un estado prostituido desde sus cimientos.
Nuestro ejecutivo, efecto del desmoronamiento moral de altísimas instituciones representativas de la soberanía popular, es causa y refuerzo del narcisismo delirante de nuestro ínclito presidente de gobierno. Su cualidades y sus defectos quedan reflejados a través de sus actos. No hay más que decir. Se convierte en causa causada del desastre, ruina, desgracia y calamidad que nos paporrea, fustiga y vapulea repetida y reiteradamente.
Autores morales, causas y efectos a la vez, son el pueblo soberano, los próceres designados, el ejecutivo proclamado y el jefe laureado.
¿Cuál es esa primera causa? Lamento ser categórico, pese al romanticismo de los fervientes constitucionalistas, defensores de la Carta Magna del 78. Sí queridos lectores, este es el marco que dibuja los límites, permitiendo que hayamos llegado a la abatimiento actual, auténtica paradoja de lo que prescribe y dicta. Un desviacionismo intolerable e inaceptable. Se ha convertido en un instrumento manipulable al servicio de espurios intereses partidistas. Un ordenamiento ordenado y orquestado que ha permitido llegar a tamaña debacle nacional. Es el origen del mal, aunque causa primera, pero no incausada. De este punto nos ocuparemos con mayor detenimiento en futuras entregas. Correrán los ríos de tinta.

Paco.