Siempre fue flaca defensa asirse a la letra, cuando la razón evidente descubre el verdadero sentido; mas, aunque flaca, tuviera aquí y en este propósito algún color, si las mismas divinas Letras no descubrieran en otros lugares su verdadera intención. ¿Por qué, pues, Isaías, cuando habla sin rodeos y sin figuras de Cristo, le pinta en persona de Dios de esta manera: «Veis, dice, a mi siervo en quien descanso, aquel en quien se contenta y satisface mi alma; puse sobre Él mi espíritu, Él hará justicia a las gentes; no voceará ni será aceptador de personas, ni será oída en las plazas su voz; la caña quebrantada no quebrará, y la estopa que humea no la apagará, no será áspero ni bullicioso»?