Y finalmente, diciendo y respondiéndose a veces, concluyen todo lo que a la segunda edad pertenece. Y concluido, luego se comienza el cuento de lo que en esta tercera de gracia pasa entre Cristo y su esposa. Y comienza diciendo: «Voz de mi amado que llama: Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía; que mi cabeza llena está de rocío, y las mis guedejas con las gotas de la noche.» Que por cuanto Cristo, en el principio de esta edad que decimos, nació cubierto de nuestra carne y vino así a descubrirse visiblemente a su esposa, vestido de su librea de ella, y sujeto, como ella lo es, a los trabajos y a las malas noches que en la oscuridad de esta vida se pasan, por eso dice que viene maltratado de la noche y calado del agua y del rocío.