BELMONTE: Pero vamos declarando poco a poco, cuanto nos fuere...

Pero vamos declarando poco a poco, cuanto nos fuere posible, cada una de las partes de esta unidad maravillosa, por la cual todo el hombre se enlaza estrechamente con Cristo, y todo Cristo con él. Porque primeramente, el alma del hombre justo se ayunta y se hace una con la divinidad y con el alma de Cristo, no solamente porque las anuda el amor, esto es, porque el justo ama a Cristo entrañablemente, y es amado de Cristo por no menos cordial y entrañable manera, sino también por otras muchas razones. Lo uno, porque imprime Cristo en su alma de él, y le dibuja una semejanza de sí mismo viva, y un retrato eficaz de aquel grande bien que en sí mismas contienen sus dos naturalezas, humana y divina. Con la cual semejanza figurado nuestro ánimo, y como vestido de Cristo, parece otro Él, como poco ha decíamos, hablando de la virtud de la gracia. Lo otro, porque demás de esta imagen de gracia que pone Cristo como de asiento en nuestra alma, le aplica también su fuerza y su vigor vivo, y que obra y lánzalo por ella toda; y, apoderado así de ella, dale movimiento y despiértala y hácele que no repose, sino que, conforme a la santa imagen suya que impresa en sí tiene, así obre y se menee y bulla siempre, y como fuego arda y levante llama, y suba hasta el cielo, ensalzándose.