BELMONTE: Y porque los que pusieron leyes para alumbrar nuestro...

Y porque los que pusieron leyes para alumbrar nuestro error mejoraban la razón solamente, y los que ordenaron la dieta corporal, vedando y concediendo manjares, templaban solamente lo dañado del cuerpo, y la fuente del desconcierto del hombre y de estas desórdenes todas no tenía asiento ni en la razón ni en el cuerpo, sino, como hemos dicho, en la voluntad maltratada, como no atajaban la fuente ni atinaban ni podían atinar a poner medicina en esta podrida raíz, por eso careció su trabajo del fruto que pretendían. Sólo aquel lo consiguió que supo conocer esta origen, y, conocida, tuvo saber y virtud para poner en ella su medicina propia, que fue Jesucristo, nuestra verdadera salud. Porque lo que remedia este mal espíritu y este perverso brío con que se corrompió en su primer principio la voluntad, es un otro espíritu santo y del cielo, y lo que sana esta enfermedad y malatía de ella, es el don de la gracia, que es salud y verdad. Y esta gracia y este espíritu sólo Cristo pudo merecerlo y sólo Cristo lo da, porque, como decíamos acerca del nombre pasado -y es bien que se tome a decir para que se entienda mejor, porque es punto de grande importancia- no se puede falsear ni contrastar lo que dice San Juan: «Moisés hizo la ley, mas la gracia es obra de Cristo.»