Cuando desenterraron a fray Domingo acababan de plantar acacias en el lado izquierdo del
camino del
cementerio (se secaron), éstas eran muy tiernas y los chiquillos se subían a coger las
flores y se las comían. Más de una
belmonteña, subida en estos
árboles, mostró los
Países Bajos a los que esperábamos las flores que ellas tiraban. Ahora esos países están en recesión y completamente añejos. ¡La puñeta que nos hacen los años!. Mis acacias de la infancia y yo crecimos juntos.
Tiznajete.