Vivió en pleno clima de reforma y contrarreforma. Tomó parte activa en el concilio de Trento, como teólogo del cardenal Truchsess y consejero del Papa. Se distinguió por la profundidad de su cultura teológica, por su celo y actividad, pero también por el espíritu conciliador.
San Ignacio lo llamó a
Italia, luego lo envió a Sicilia a fundar el primero de los famosos
colegios, después a Bolonia a enseñar teología, para volverlo a enviar a
Alemania, en donde durante treinta años, como superior provincial,
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